<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' version='2.0'><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495</atom:id><lastBuildDate>Tue, 08 Dec 2009 17:28:17 +0000</lastBuildDate><title>El hijo de Sísifo</title><description></description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>22</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-7610331803485039471</guid><pubDate>Mon, 20 Jul 2009 19:21:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-07-20T12:27:40.492-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La otra noche&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;     O.K. (otra vez), ¿qué pasó cuando le estabas dando a la minita y te diste cuenta de que ese corazón no latía? Y respiraste profundo y seguiste, ajustado al simulacro de placer que ya estabas por dejar de creerte. El ansioso silencio estaba maduro, acechándote en el largo viaje del 168. (y la piba medio stona que se sube quien sabe si antes o después del puente Saavedra y todo que podría volver a comenzar pero no). Ya sabés que las coordenadas las doy para que el vuelo sea más vigoroso: esa patadita en la tierra. ¿Seguís virgen de ala delta? ¿Hasta cuándo? Te habrás bajado 30 o 40 cuadras antes para caminar. La noche es fría y hay luna. Como tu primo de hace 100.000 años escrutás la negrura del universo. La negra imaginación, la negra gota en el medio de tu ojo, el negro miedo.&lt;br /&gt;      Como una ensoñación sincopada la sucesión de esquinas desnudas, los párpados flojos, el desierto infierno, el tiempo espíritu que va y vuelve. Ves seres acurrucados en el miedo artificial, soles de alcantarilla. Y muchos o todos con una víbora en lugar de la columna vertebral. Cuerpos prohibidos, ídolos acechados, dolores muertos de secreto. ¿Qué diferencia con la ya inexistente camisa de fuerza, o estrellarse en la idea, o estudiar Relaciones del Trabajo? ¿Adónde la encontraste y la perdiste? ¿Otra vez volver a esto? La mujer loca que baila en tu memoria y que no sólo baila sino que también te hace bailar. Y escribir mal. Y bien. Sabés que te atrae y te lleva y te entierra en lágrimas que nunca lloraste. Este paseo otra vez. Esta noche otra vez. Vuelve en el sueño o en la falta de sueño o mientras te la chupan o la chupás, o estás viendo la película de Truffaut, de Herzog o de Spielberg. Mientras escuchas a Gismonti, a Bregović, Bill Evans, Chopin, Bach o Los Tipitos. O te pasan por Crónica un recital de Los Palmeras en el bar donde te olvidás de lo que no te olvidás&lt;br /&gt;      Una vez más caés. Inocente de tus pasos vas cayendo en el conjuro. En el sopor de tu silencio de certezas insoportables se te hunde la ciudad. Los caminos están desangrados hace siglos. Los fundadores eran caníbales, casi como los de hoy. Concentrarse en la propia conciencia no es más que un refugio, ajeno y pretencioso y tristemente devastado. Detrás de las sombras de lo sagrado te sentís agredido. Creés que el camuflaje es cada vez más tenue, cada respiración resuelve su efectividad. En la ciudad tu consuelo ni siquiera es tocar culos en el subte a chicas más feas que las que te cogés; es imaginarlo. Responderían una caricia desconocida con insultos y para mostrarte su buena predisposición te muestran los dientes. Te acordás de todo eso. De lo que hiciste y de lo que no. Unas risas detrás de una persiana te acuchillan. No podés escapar de la ciudad porque no existe.&lt;br /&gt;      Un kiosco, una botellita de vidrio lleno de líquido negro y con burbujas. Seguís  hacia ningún lado y llegás a San Telmo.&lt;br /&gt;      Te arrastraron recuerdos que ya olvidaste por un rato. Mirás a los ojos a los que te cruzan y algunos te miran y otros no, y casi siempre es lo mismo. Alguna vez te preguntaste de qué sirve callarse, pero esa reflexión era más que nada una necesidad, un anzuelo. Pero otra incertidumbre te apuñala en una intimidad de involuntaria lucidez: ¿quién podrá compartir tus demonios? Y las demás preguntas vienen en combo, pero ni te importan.&lt;br /&gt; Qué ridículo te resulta ahora saber el nombre de los guitarristas que tocaron en Los Redondos, la capital de Mongolia, las etapas de la hominización, cómo analizar sintácticamente esta oración, las tesis de filosofía de la historia de Benjamín, la formación de Boca del 87, la defensa Caro-Kahn. ¿Serás el único hombre que fingió un orgasmo?&lt;br /&gt;      Conseguirías una pepa y te irías a dormir al puente de La Boca, disfrutando de los barcos silenciosos y el callado tufo. Ves una puerta negra, y una escalera que se hunde enmarcada en un telón rojo. ¿Seguís creyendo en los milagros de la espontaneidad? Vas a bajar pero querés dar una vuelta manzana. ¿Será que decepcionado de los motivos racionales no querés llegar a ellos? ¿Acaso te ilusiona evitarlos? Por el momento nada podés hacer con el mapa que te aprisiona salvo saberlo. Una vuelta manzana. Todo lo que te cruzás parece cubierto de una leve y constante capa de talco.&lt;br /&gt;      Volvés a la puerta, bajás la escalera, que tiene un descanso, dobla y sigue bajando hacia la derecha. Desde el descanso apreciás una sala espejada con luces rojas y azules. Hay un grupo (¿30, 40, 1000?) de coyas (¿bolivianos, jujeños?) algunos vestidos con jeans buzo y campera (como vos), otros con ponchos y gorritos de lana. Unos tocan el charango, la quena, el violín, el sicu. Unos están extasiados, bebiendo. Todos te miran. La música cesa pero la reemplaza un murmullo rápido, de frases breves y repetidas. Uno te señala y grita algo. Todos empiezan a subir corriendo la escalera. Recién ahí te das cuenta de que estabas rígido, con un pie bajando el primer escalón luego del descanso. El contraste con tu rápida huída es tan grosero que ni te das cuenta. Te das vuelta y subís la escalera a zancadas tan largas como no sabías que podías dar. Durante la persecución desesperada te acordás de Chaplin y de varias pesadillas, lo que te reconforta vivamente. De pronto te encontrás en  el medio del parque Lezama., solo; hace rato que perdiste a lo que te seguían. Te sentás en un banco.&lt;br /&gt;      Te vas a parar en un rato. Vas a dudar entre ir a costanera sur o a La Boca, pero vas a emprender otra larga caminata hasta tu casa. Intentarás poner la mente en blanco. Te dirás que no vale la pena pensar en lo que paso o en lo que va a pasar. Vas a sonreír pensando en lo que te agobia apenas es el presentimiento de un recuerdo. Y tu sonrisa será amarga. Y te dirás que la nostalgia es soberbia. Y te dirás que no. Las esquinas se seguirán esfumándose un buen rato.&lt;br /&gt; Al amanecer entrarás a tu casa y sin sueño cerrarás las persianas de tu cuarto porque sólo en la oscuridad quizás logres dormirte. Pero antes leerás un rato. Te sentirás cobarde. Te sentirás vivo. Querrás llorar y quizás puedas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-7610331803485039471?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2009/07/la-otra-noche-o.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-2263305913080494965</guid><pubDate>Sat, 06 Jun 2009 16:01:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-06-06T09:03:32.423-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;span style="color: rgb(51, 153, 153);"&gt;     Esto lo está contando mi abuela Olga Morelli, encerrada y mutilada en el Moyano por cuarenta años.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 153, 153);"&gt;Nubes&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 153, 153);"&gt;      Las nubes son maravillosas. Aunque mi mirada haya cambiado tantas veces, las visiones de las nubes permanecieron en mí como un interminable circuito de fascinaciones a cuya constancia jamás me acostumbré. Es que para decir con palabras las nubes… pero justo eso no importa; esto yo no lo estoy diciendo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 153, 153);"&gt;      La primera singularidad que me llega en su percepción es la forma variable, muestra de  su profunda hermandad. Y llega mostrando que es sólo una de sus singularidades&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 153, 153);"&gt;      ¿Cómo aislarlas, agruparlas, generalizar sus propiedades y constituciones? Es imposible describirlas, como los ojos. Por eso la poesía baila con ellos. Tanto hacer una descripción interna de su configuración como descifrar sus mutuas relaciones se me presentan como ejercicios menos sorprendentes  que su observación ensoñadora. Y luego (luego, pero sin dejar de verlas) a veces llegan conmigo ciertas impresiones, ciertas emociones, como un secreto que cualquiera podría saber. Montañas leves alborotan las ciudades errando en cauces transparentes, manantiales de la imaginación. Amigas nuevas agitando cuidadosamente asombros recíprocos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 153, 153);"&gt;      Me pierde sentir en ellas. Me deja quieta, deambulando por las habitaciones y el jardín, salpicados de soledades.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 153, 153);"&gt;      Ya no me importa, pero yo debo estar acá por las nubes. Por haberme encontrado con la diosa de las nubes, por soñar y obnubilarme en ella. Sólo que decir diosa es decir y yo no digo. La nombro diosa por decir, porque yo soy humana y digo; pero nada más. Los hombres no deben entender que pueda haber algo sagrado aparte de los hombres. Hay mundos hechos de nubes. De nubes vivas. Si bien esto puede decirse y sentirse, parece que no puede creerse. Ya no me importa. Ni los relámpagos ni las pinzas podrán quitarme la dulce voz de la diosa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 153, 153);"&gt;      Ya no me importa quedarme acá. Extirpado el cuerpo sólo me quedará el alma. Ya di vida., y esa vida está afuera. Sigue, es fértil. Ahora soy la ruta de otros. Alguno de ellos,  alguno que nazca cuando ya no esté, dirá sin decir esto, que yo no digo diciéndolo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 153, 153);"&gt;     Nos mezclaremos de a ratos, jugaremos invisibles, formaremos un coro silencioso para contar la alegría de las nubes. Las  serenas, las tormentosas, las transparentes…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 153, 153);"&gt;     Es que hasta cuando el cielo es azul hay nubes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 153, 153);"&gt;     Yo quisiera ser una nube…&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-2263305913080494965?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2009/06/esto-lo-esta-contando-mi-abuela-olga.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-8001071884355842572</guid><pubDate>Wed, 20 May 2009 02:18:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-05-19T19:25:41.466-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 102, 255);"&gt;Movimiento&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 102, 255);"&gt;      Estos acrílicos están buenos, me gustan, me dan ganas de pintar, me gusta el azul, me llama. Voy a pintar el mar. Hace cuánto no voy al mar, no me tiene que pasar eso en la vida. Ahí el azul, el violeta, blanco, negro, amarillo, rojo poco, naranja verde para qué. Dos años. ¿Marrón? Voy a poner música. No. Qué despacio puedo hacerlo. Ayer volvíamos a 200 por la ruta 20.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 102, 255);"&gt;      Ayer todo fue rápido menos levantarme y desayunar con la nona y mamá que sí se iba rápido y Clau que ya se había ido, pero con la nona desayunamos tranquilas y miramos la tele un rato hasta que llamo él. Apenas un borde de plaza de costado. Ir porque los padres no van, bueno, está bien la casa es linda y tiene una linda vista de Carlos Paz y él quería ir en la Transalp que se compró el otro día. Apenas el cielo un poco, con  un tinte rojo de cielo de las 8 de la mañana. Todo muy rápido, un día porque hoy si van los padres. A Clau no le gusta o creo que no le gusta. Ella elige estudiar eso y ganar su plata como la gana, no me tendría que juzgar. Y decir que es un creído porque es del Urca ya sabemos que no tiene nada que ver. ¿Y nosotros acá en barrio San Martín que somos? Andrés no era del Urca y yo no decía nada de su Clio nuevo y de sus invitaciones al restaurant del padre. Me gusta pintar las olas. Si, marrón salitre. Que lindo, la nona está haciendo ravioles.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 102, 255);"&gt;      El vértigo de las olas es diferente al de ayer que íbamos a 200 a Carlos Paz y yo cerraba los ojos y sólo quería llegar o morirme. Y lo había esperado en el parque contando las cotorras que había en una araucaria. ¿Hago gaviotas? Pará. Primero el cielo rugoso, como una hora antes de una tormenta. Ah, como los cuervos de Van Gogh pero grises. Gaviotas en V. Mezcla blanco y negro. Mezclar, coger. Va rápido como en la moto. Una explosión, una serie de espasmos, un resplandor con cosquillas en la panza. Yo empiezo haciéndole frente y después me entrego, dejo que me envuelva, me arrastre, me lleve y ya estamos otra vez en la ruta volviendo y yo lo abrazo, apoyo la mejilla en su espalda y cierro los ojos, quieta. Apenas salí un minutito al parque y a la vista del lago, pero él me llevó a la pieza apenas salió del baño. Yo sé que me hubiera quedado horas, pero pintar también es arreglárselas para cazar al vuelo del instante. Estas olas nunca dejaron de moverse. Pero estas olas no son él. Ni estas gaviotas. ¿Hombres-olas? ¿Hombres-gaviotas? Hombres-hormigas, hombres-nubes, hombres-hipopótamos, hombres-caballos, hombres-mariposas, hombres-plumas, hombres-espumas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 102, 255);"&gt;      Yo sólo estuve con él, sólo cogí con él. Sólo estuve enamorada de él. ¿Estuve? Quizá el amor no sea absoluto. Asqueada. V en diferentes ángulos. Distintos movimientos de alas. Tan preciso. Es darle forma a un instante. Es dar un paso hacia un desierto que se puebla con ese paso. Va  a ser llenar la vida de otras formas. Salir de la baba incesante, o bucearla. El transcurrir de las olas. Dejar de salir, ir a los pedos al boliche, hablar con las otras novias, entrar a la casa haciendo poco ruido y coger y estar exhausta y después mirarle los ojos al perro al amanecer, irme con el perro bajo los pinos mientras él duerme y siempre así, con las variantes tan sabidas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 102, 255);"&gt;      Vendrán los hombres-niños y los hombres-agujas y los hombres-silencios. Yo seguro tendré silencio. Como éste. Y si hay otras formas de ir por ahí y de estar, de coger y de despertarse. Y debe haber hombres-lágrimas y hombres-panes. Y que miren a la nona. Un silencio plataforma, un espacio a recortar. Darle forma a un instante. Esto. Callar la paz de un silencio, a un silencio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 102, 255);"&gt;      Y un cuarto creciente finito y transparente. Que pocos lo vean. La verdad, que buenos acrílicos.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-8001071884355842572?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2009/05/movimiento-estos-acrilicos-estan-buenos_4127.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-6890521510782431220</guid><pubDate>Fri, 06 Mar 2009 22:08:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-03-06T14:13:04.929-08:00</atom:updated><title></title><description>Nota a “Jacarandá”:&lt;br /&gt;  Lo que cuento aquí es cierto. No sólo metafóricamente; ni esta nota es un recurso realista. Lo cuento a pesar de ello. Apenas fragüé la alteración de un rasgo circunstancial para que, además de la forma narrativa, exista otro elemento artificial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Jacarandá&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Ella había nacido en noviembre, el veinticinco. Noviembre, que es violeta y verde, como ella. Él había nacido en enero, el veinticinco. Enero que es amarillo y verde, como él. Eran hermanos.&lt;br /&gt;Él la tomaba de la mano, concentrado. Escuchaba la canción que ella cantaba entre la fila de jacarandás que bordean el parque por la calle Patrón. No podía retener más que el estribillo, “Al este y al oeste…” y todo eso.  Era muy chiquito, pero no se daba cuenta. Y más que nada, eran compañeros de risa.&lt;br /&gt;Ella era unos cuantos años mayor. La canción decía que eran celestes, quizás por exigencia de la rima, quizás porque el violeta sea, de alguna forma, celeste. Las flores explotaban en noviembre, salpicando las alturas de la ciudad con esa mágica conjunción de colores, y luego cubrían suavemente las veredas, pero él se dio cuenta de esto mucho más tarde.&lt;br /&gt;Ella había muerto hacía ya tiempo y el salió una noche de noviembre a pasear a su perro. Fueron a la plaza y cuando volvían en la esquina en la que Alpatacal desemboca en Lisandro de la Torre, pasó. Un globo violeta rebotaba hacia el medio de la calle, soplado por un viento. Él salió corriendo a buscarlo. No prestó atención al tránsito, pero la calle estaba desolada en ese momento de la noche. No se sorprendió en ese momento, aunque si más tarde, de haberse sentido un niño mientras corría a buscar el globo.&lt;br /&gt;Pensó en ella cuando, con el globo bajo el brazo, volvió a la esquina a buscar al perro, que lo esperaba bajo el jacarandá.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-6890521510782431220?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2009/03/nota-jacaranda-lo-que-cuento-aqui-es.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-8466271731220173062</guid><pubDate>Wed, 31 Dec 2008 22:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-31T14:36:01.416-08:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Excursión a los indios tranquilos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt; Estaban los seres extrañísimos amigos de los bosques revolcándose en la arena de una playa. Omanes decidían hacer una travesía para encontrar a unos que supieron que había. Algunos salieron de todos y todos se fueron. Atravesaron los bosques y los campos que terminaron y saltaron al desierto de dulces montañas silenciosas y curvas. Tanto entraron y saltaron el desierto que los sofocó la sed. Entonces bebieron de un estanque primordial del cual eran viajeros. El agua y las estrellas los acompañaban. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt; Llegaron a unas rocas y entre ellas estaban los que habían ido a buscar y se encontraron. Se vieron y se dijeron, entre los titubeos de la sorpresa la serena intrepidez bailándolos sin darse cuenta. Se llevaron a los reparos a tomar el alimento, cantarlos, contenerlos. Omanes se balanceaban de contentos y los otros también, diferente, absortos unos de otros. Todos eran regalos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt; Pero no se sabían. No sabían qué los otros sabían y los omanes los buscaban, curiosos. Y los indios quisieron compartir su secreto, derramar en ellos la diferencia que admiraban. Los llevaron a través de la noche de la luna del silencio, despacio, a la entrada de la cueva para que los omanes vieran el sueño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt; Esperaron cantando y rondando los alrededores, hasta el alba que cobijaron y soltaron, y un ratito más. Fue que los indios tranquilos se fijaron en la cueva y el resto también. Y la cueva tenía dos entradas, que se parecían en forma y en tamaño. De la entrada derecha salió uno que no se parecía ni a los omanes ni a los indios; era del color de la tierra y las rocas y confundía su contorno con ellas. Ése conoció a todos al salir y todos sintieron como si estuvieran en el momento de un abrazo anhelado. Entró a la cueva por la misma entrada y poco después salió por la izquierda. Los omanes vibraron ante una dulzura intensa como la respiración, puesto que no sabían que iba a volver a salir. Ellos, los indios y el que salía, estaban más dichosos. Volvió a entrar por donde había salido y su gesto era de felicidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt; Esto se repitió varias veces, tantas que la saciedad llegó a todos. Y cada vez que surgía de la cueva, se parecía más al mundo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-8466271731220173062?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2008/12/excursin-los-indios-tranquilos-estaban.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-8130920567785868759</guid><pubDate>Wed, 31 Dec 2008 22:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-31T14:32:29.549-08:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;                                         &lt;span style="font-size:130%;"&gt;Pacto&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Siempre supe que haría un pacto con el diablo. Salimos del club Portugués  y la acompañé hasta la parada del 44. se fue y caminé las cuadras del vuelta hasta la facultad. La oscuridad de los edificios y las tipas se proyectaba en la noche que  cubría Pedro Goyena.  Ella sabía que yo había ido a verla en auto pero no me pidió que la alcanzara ni yo le ofrecí. Volví a mi casa en silencio entre el escaso tránsito de las diez y media de la noche.&lt;br /&gt;Entré a mi casa con el escalofrío de haberme dado cuenta de que sólo estaba el perro. Mis familiares habían salido, inesperadamente. “Vamos a la casa de x, volvemos tarde”, decía un papel sostenido por un vaso. Acaricié al perro un momento, lo miré a los ojos, le sonreí pero ya no me miraba. Los perros no sostienen la mirada.&lt;br /&gt;Fui a la cocina a hacerme un té y el perro me siguió. Busqué la bolsa y le di su comida. Elegí el té verde y lo preparé. Miré al perro comer y dejé la taza de té reposar un buen rato. Lo tomé. Me quedé absorto en el silencio de mi casa. Veía las cosas alrededor imantado en la serena apertura de un vacío. Pasó el perro lamiéndose el hocico y moviendo la cola vigorosamente. Decidí llevarlo a la plaza.&lt;br /&gt;Era la noche anterior al novilunio y se veía unas pocas estrellas. La C invertida en el cielo parecía una marca maligna. La calle se hinchaba en la quietud del panorama. Los coches pasaban como una excusa del mundo. Los pocos hombres y mujeres que cruce parecían vivos.&lt;br /&gt;En la esquina por la que me interné en la plaza había un rejunte de ramas y basura. Caminé hasta el palo borracho y toqué sus espinas. Vi a  través de las ramas de otros árboles más altos unas pocas nubes rojas.&lt;br /&gt;Volviendo, sentí el silencio de las casas. Detrás de unas rejas negras y una ventana con cortinas blancas, fosforecía una televisión. Seguí caminando. En un patio de baldosas iban caracoles, y un camino de hormigas trepaba la pared cruzando el azulejo de una canilla.&lt;br /&gt;Entré a mi casa despacio. El perro se acurrucó. Lo saludé y me fui a mi pieza, buscando en mi cuerpo el cansancio. Al acercarme a mi cama me desanimé: había brócoli tirado por todos lados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-8130920567785868759?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2008/12/pacto-siempre-supe-que-hara-un-pacto.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-4590329267191468940</guid><pubDate>Mon, 24 Nov 2008 23:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-11-24T15:44:22.140-08:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Lo interno de lo externo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La meperidina es un opioide, se usa como anestesia. Yo se la conseguía a través de un viejo amigo que trabajaba en la terapia intensiva de un hospital de Buenos Aires. Yo escribo esto ahora porque ella está muerta.&lt;br /&gt;Nos conocimos en el inmenso parque de la casa en la que ella vivía. Cada uno supo  de inmediato cuanto el otro aborrecía los condicionamientos de la abundancia. Fuimos novios por un tiempo  pero no tardamos en darnos cuenta de que nuestras soledades no coincidían. Teníamos dieciséis años. Estuvimos mucho sin vernos. Yo emprendí el inevitable viaje a Europa. Oriné en el Támesis, en el Sena y en el Arno. Cuando volví, luego de algunas largas vacilaciones me fui a esconder a los tambos de mi familia en Capitán Sarmiento. Conocí a María Thomas, nos enamoramos y formamos una familia. Con los años construí mi austeridad.&lt;br /&gt;Volvía  a San Isidro cada tanto ya que proveía a un almacén del centro de queso de campo. Un día la vi pasar y la corrí. Y caminamos. Había  poca gente, creo que era sábado a la mañana. O viernes pero había poca gente. O no vi mucha gente. La vi a ella. Caminamos los asombros del reencuentro y nos sentamos en un banco de la estación. De la charla no me acuerdo. Sí puedo escribir acá algunas cosas que sé que me dijo esa mañana en el banco de la estación.&lt;br /&gt;Sé que me dijo que nos habíamos separado para encontrarnos siempre. Sé que me dijo que sólo fuera del tiempo y el espacio se sentía libre y brillante. Se que me pidió que la acompañase hasta su casa (vivía en un departamento a unas cuadras de la estación) y en la puerta me dijo cual era el timbre y que la fuera a visitar alguna vez. Me besó en la mejilla y entró.&lt;br /&gt;La dueña del almacén me dijo que le pareció raro cuando me vio caminando con ella porque nunca la veía con nadie. Me preguntó si era verdad que era rica.&lt;br /&gt;Acassuso 246 timbre 12. Casi un mes después. O un poco más. Bajó  a abrirme y subimos dos pisos por escalera. Un departamento a contrafrente, cómodo para una persona, algo chico, común. Salvo por las paredes. En cada pared de la sala, salvo en una que había una salida a un pequeño balcón, había un cuadro. En cada pared de su dormitorio, salvo en una que había una ventana, había un cuadro. En cada cuadro, salvo en el de la cabecera de su cama, donde la joven era la misma que la de un cuadro de la sala, había una joven mujer diferente.&lt;br /&gt;Los cuadros abarcaban casi la totalidad de cada pared. No me acuerdo de todos. Los que compartían la modelo los recuerdo. El de la sala mostraba a la chica vestida de negro, tocando el piano con los ojos cerrados. En el de la cabecera de su cama, la chica saludaba sonriendo, vestida de payaso. En otro que había en la sala había una mujer pelada mirando melancólicamente una ventana, con un estetoscopio colgado.&lt;br /&gt;Le pregunté por los cuadros. Miró alrededor, distraídamente acaso. Dijo que los pagaba bastante caros, por suerte para la piba que estudiaba Bellas Artes en parte gracias a ello. Cada uno tenía su historia, pero los tenía ahí pintados para dejar de contárselas. Sin embargo me dijo que eligiera uno. Yo le señalé el de la chica vestida de payaso. - ¿Por qué es la misma chica que en el otro cuadro? Y señalé la otra habitación.&lt;br /&gt;- No tiene importancia. Lo que importa ahí son los zapatos. Zapatos largos y redondeados de payaso.-  Los seguía mirando cuando ella volvió a hablar. Dijo que cuando era chiquita se imaginaba que todo el universo era una molécula de un zapato de un payaso que hacía malabares en un circo. En ese momento sólo recordé lo tristes que me parecían los circos cuando era chiquito. Ella cerró los ojos.&lt;br /&gt;Quería su anestesia, desaparecer entre el tiempo y el espacio por el territorio inimaginable en el que ella podía brillar. Y ser no era una cárcel.&lt;br /&gt;Era su última dosis. Me pidió y desde entonces cada vez que volvía del campo visitaba a mi amigo y le llevaba a ella las ampollas.&lt;br /&gt;Una mañana llegué y había un par de personas en el departamento, que me pareció repleto. Eran médicos, familiares y no sé quien más. Quizá el portero. Decían palabras como suicidio, sobredosis, asfixia. El familiar, el médico, el asesino, el testigo, se enfrentan a algo fascinante que casi nunca pueden conectar. Ven tan de cerca como un ser pasa a no ser o  a ser de otra forma. Asistimos desencajados a esa enigmática disolución del espíritu, imposibilitados de comprenderla completamente. Las ridiculeces tienen dónde apoyarse en estos casos.&lt;br /&gt;Cuando logré irme sólo sentía que ella ya no estaba, y eso dolía. Acaricié las ampollas en mi bolsillo y entré a mi camioneta.&lt;br /&gt;Cerrar los ojos – no abrirlos más – y que la dulce noche te penetre toda – y te lleve&lt;br /&gt;Subí a la panamericana y corrí a ver el campo. La estupidez es el camino para nosotros, los que soportamos la vida.&lt;br /&gt;Sé que algo queda. Sé que no todo puede decirse. Sé que nos separamos para encontrarnos siempre. Como cuando me despierto en el medio de la noche y en silencio, te llamo, en silencio&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-4590329267191468940?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2008/11/lo-interno-de-lo-externo-la-meperidina.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-3750622117673232290</guid><pubDate>Thu, 02 Oct 2008 22:47:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-10-02T20:09:56.072-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(102, 102, 204);"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Con un demonio&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 204);"&gt;Volví a mi casa demasiado temprano; encontré a un demonio y hablamos... y hablamos... El dolor de la experiencia consistió en la poca trascendencia de los temas. No pude interesarme por nada. Yo falseaba alguna petulancia, algún rasgo escrupuloso o patético. Nada. Forzados a proseguir nuestro encuentro, compartimos un paseo por la vaga contemplación de la luna tajada. Él no decía cosas magníficas, no me proponía arduos dilemas, apenas largaba carcajadas nasales y recorría los canales, o se fijaba en absurdos dolores que no eran míos. Fruncía el ceño y decía aventuras de palabras que me desolaban en las distinciones de sus significados. De pronto levantaba un monumento a la verdad, a los conceptos absolutos de su sol negador. De pronto me impugnaba mis escudos que loaba. Rasguñaba silencios que no alcanzaba, se servía su copita de Fanta. Me empezó a pegar y a rogar que no lo dejase solo. Yo ni me sentía exhausto. Aunque me desmayé, lo vi pestañear su credulidad, asombrado de su penúltimo silogismo camuflado. Rastreé sus empresas que más bien tendieron a parecerme estériles, desayuno de por medio, disimulando mis ajetreados hilos de sangre. No dejé de masticar la gomosa medialuna. (Todo esto es cierto). Volvimos a hablar relojeando la luna entre las ramas. Las luces se tragaban mis gomosas palabras laterales. Ya, si, me había dado cuenta de que estaba acostado como siendo su marco. De esto se trataba toda la vuelta, el torniquete de secretas angustias, el impulso vago de la súbita creencia corporal en el destino. Yo sabía que todo estaba en la cabeza; y en los pies; y en los ojos, portadores de la luz. Yo no me voy a levantar y a leer esto o aquello. Su lengua vence los espacios vacíos. Posee varias cualidades adhesivas muy efectivas dentro de los paradigmas de la maravilla cotidiana. Es, varía, se describe, se apresura, se excita como un deseo, o mejor mirado, como un motivo. Hay quien muestra describiendo una pretensión, y fustiga con sus achaques, y machaca lo de no poder sino pretender. Y acá me veo con el laberinto en el marco. Marca variada y penitente, audaz refugio, me siento plantado acá, temprano, una canción partida. Y su saliva se pega en el paladar sin que su voz pierda su astuta demanda de invocación inspirada, cambia los canales, o se lava los pies, con la dulzura propia del que creció en una familia amorosa, que se abrazan de aquí para allá. Hay un recelo en su gesto conciente y ciego. No entiende como se le metió el enano por la oreja.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-3750622117673232290?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2008/10/con-un-demonio-volv-mi-casa-demasiado.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-4032910235372135829</guid><pubDate>Thu, 31 Jul 2008 23:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-08-07T14:47:09.279-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CADMINI%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:Tahoma; 	panose-1:2 11 6 4 3 5 4 4 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:1627421319 -2147483648 8 0 66047 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-parent:""; 	margin:0cm; 	margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:12.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 	{size:595.3pt 841.9pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:35.4pt; 	mso-footer-margin:35.4pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:10.0pt; 	font-family:"Times New Roman"; 	mso-ansi-language:#0400; 	mso-fareast-language:#0400; 	mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;o:shapedefaults ext="edit" spidmax="1026"&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;o:shapelayout ext="edit"&gt;   &lt;o:idmap ext="edit" data="1"&gt;  &lt;/o:shapelayout&gt;&lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;La monja&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;El señor Ox iba por Jaramillo y dobló por Crámer a la izquierda, para el lado de la estación Belgrano R. Se sintió oprimido por la calle aunque no era muy angosta pero si de doble mano. Analizó minuciosa y comparativamente ese sentimiento. Agacho su cabeza un momento. Sin dejar de caminar miró su pantalón&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de vestir gris oscuro y los zapatos negros un poco gastados. La chica que cruzó, de pelo corto y pollera larga no podía tener miedo. Nadie más que él podía tener miedo en ese enjambre circunstancial. Una sólida atmósfera vacía gastaba el panorama. Una redoblada composición de gestos vertidos en la laboriosa civilización del acero. Era imposible en el destello mismo de la mitad de cuadra apartarse de la visión de estar recorriendo las cíclicas filas de los nichos en cualquier instante de la madrugada. La parsimonia, la solemnidad de la vida. Él no creyó ser alguien extraordinario ni un sabio que venía&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;a iluminar la gloria de la existencia. Sólo por casualidad el señor Ox se encontró frente al furor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;(Estaba manejando por una avenida y de pronto vio un tumulto a una cuadra. La gente estaba saliendo de un recital,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;pasaba entre los autos. Como había frenado en un semáforo, el primero en la fila, tuvo un claro delante y cuando se puso verde pudo acelerar. Había apuntado hacia un grupo, dejándose languidecer. Cuando sintió el golpe seco, frenó y cerró los ojos apaciblemente. Habían muerto cuatro jóvenes. Él declaró que se había descompuesto. En la revisión médica se verificó una pequeña arritmia que no costó vincularla con el suceso. Le quitaron el registro de conducir. La semana siguiente había sido cotidiana para el señor Ox.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;No movió la cara. Por más que lo anheló, sus flancos no se volvieron difusos. Atravesó esquinas casi sin pensar con palabras. Cuando llegó al sector&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;en el que Crámer se ensancha no se sintió aliviado. Ya alguna vez notó que de todas formas no parecía una avenida, por más que las confiterías y demás comercios y la doble mano y el ancho brindaran sus atributos. “Rivadavia es una avenida”- se dijo mirando para arriba. No prestaba atención a los árboles, cuyas especies desconoció siempre ni a los rulos de las chicas que de tanto en tanto pasaban. Ya no.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;No quería calcular las cuadras pero supo a cada instante donde estaba aunque la imagen que se le presentó cada vez con más insistencia fue la de un náufrago con brújula. “El carácter demasiado abstracto de la misma –sentenció para sí- me desagrada casi tanto como su leve tinte misericordioso”. Sonrió y despreció aquel dictamen. Se dio cuenta, sin demasiado asombro de que cualquier afectación intelectual interna había dejado de provocarle la mínima emoción. “Soy inmune a mis metáforas – pensó- y volvió a sonreír sin boca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;(Había esperado pacientemente una nueva ocasión.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;El nunca había querido llevarse&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;el viejo revólver de su padre, así que había quedado guardado en la casa de su madre desde que ella enviudó. Un domingo a la noche, el señor Ox terminaba su postre preferido cuando escuchó ruidos extraños en el fondo. Calmó a&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;su madre, fue al placard a buscar el arma, que encontró cargada. Su madre, extrañamente, sonreía. Eran tres los intrusos y uno de ellos le disparó cuando el señor Ox abrió la puerta en penumbras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Mientras llegaba la policía, el señor Ox reflexionaba acerca de su infancia, de sus juegos en el fondo de su casa, y de cómo hay cosas que no se olvidan. En la comisaría los agentes calmaban a su madre asegurándole que la legítima defensa estaba plenamente probada y que su hijo no tendría problemas. En otra oficina, el señor Ox reflexionaba tomando un café. Ya tenía claro desde el principio que no iba a ocultar su autoría en ninguna de las muertes. Ahora se le esclarecía la serie. Habían sido cuatro, eran tres; serían dos y luego uno.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;La sensación de caminar sin darse cuenta de los pasos. Azar en los pies, bola de rivotriles. Muecas a las veredas ensanchadas. Azar de las miradas y lo que enseñaron. Miradas de monos para siempre anidadas. La cruel menstruación de las ideas sin palabras. Un rosario de madrugada a través de los nichos y sus ansiedades y las equivocaciones cobardes. Los hasta cómo. Y las fronteras del relato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;No, no… vocearán befas. Acusarán escudo de impotencias. Como profesional entrenado, salir a explicarlo todo: lo que se sabe, aguando la fiesta. Tibieza fetal que engendra tempestades. La muestra diáfana del ojo dislocado. La sensación de haber dejado de caminar pero nada, nada cambió&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;(Con el asombro por la carencia de sospechas bien argumentadas se había ido a su casa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;La madre había llegado a su casa un día que no le esperaba. Esa vez le iba a&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;presentar a una monja vieja y muy baja, vestida con hábitos grises. La monja lo miraba como un nenito a una mariposa, la madre sonreía. El señor Ox había pensado que no debía rechazar una ayuda espiritual para no levantar sospechas. Estaba dispuesto a aburrirse un rato con la monjita como alguien que busca consuelo. Ese día, sin embargo, la monjita lo había sorprendido. Le dijo sólo dos cosas: a ella no le importaba si era o no religioso, tan sólo quería ayudarlo a que, como todos, descubriera y realizara el sentido de su vida; lo otro que&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;le dijo fue que necesitaba una pareja y ella lo iba a ayudar- luego se fue.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;Al señor Ox le había sorprendido lo expectativa que la monja había sido con el segundo ítem. La siguiente vez que se encontraron ella había concertado una cita con la kiosquera &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;de la esquina de la casa del señor Ox. Él había&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;titubeado. Había preguntado a algunos de los vecinos que la conocían cómo era ella. A pesar de las historias que le habían contado sobre los cuernos que solía ponerle a sus parejas, él había accedido a conocerla. Pronto se habían hecho novios y hasta se habían comprometido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;Una noche la kiosquera se había encontrado con otro. El señor Ox, como de costumbre la venía siguiendo. Con alivio, vio que entraban a su casa. Alrededor de una hora después entró y los mató en su cama. Luego llamó a la policía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;La situación era complicada – le habían dicho sus amigos de la comisaría. Y lo era. Las semanas que había pasado en el calabozo primero y luego en el asilo habían sido penosas para el señor Ox, a pesar de las atenciones de los oficiales. La mediación de la monja, al menos, había sido más poderosa de lo que él había imaginado y al cabo de esas largas semanas había sido liberado bajo su tutela. Ella había parecido ejercer una influencia prodigiosa en la aceleración del proceso por estos asesinatos cometidos, según sentencia, bajo emoción violenta.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;Pocos minutos esperó el colectivo. El 80hizo la curva rápido pero frenó bruscamente y la puerta se abrió frente al señor Ox. Subió como si hubiera esperado mucho tiempo. Dijo: “ochenta”. Eso lo divirtió en otras ocasiones. Metió el boleto y veinte centavos en el bolsillo y se sentó en la anteúltima fila de los asientos de dos, del lado de la ventanilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;Los domingos al mediodía ni los colectivos ni las avenidas suelen estar muy cargados, y el viaje del señor Ox fue considerablemente rápido. Nadie se sentó junto a él. Las barreras estaban abiertas cuando el colectivo llegó a ellas. Poca gente subió o bajó. Constató una vez más que mirar es inevitable. Ni probó cerrar los ojos. La ventanilla, el cielo, que no era el cielo, era arriba. Y el suelo era abajo. No sintió somnolencia, como hubiese sido justificado y en Liniers subió mucha gente que quizás venía de la estación o quizás no. Bajó unos minutos después y camino hacia el hospital por la vereda de enfrente de la plaza. Cruzó, camino otra media cuadra y llegó al hogar que tienen las monjas a un costado del hospital. Salió la monjita apenas el señor Ox llamó en la entrada. Antes de atravesar el patio hasta la verja le preguntó si había perros. No había. Dio entonces unos pocos pasos sonriendo y abrió la puerta de rejas. Mientras entraba, la monja le contó que unos días atrás un perrito la corrió ladrando por esa misma cuadra y cuando la alcanzó la tumbó con las patas delanteras y se fue dejándola boca arriba mirando las ramas de los jacarandás. “Son jacarandás” –pensó el señor Ox.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;(Si bien el señor Ox estaba visitando a la monja para mostrarle agradecimiento por la ayuda que le dio no esperaba que ella pudiera iluminarlo en su preocupación fundamental en ese momento –completar la serie de muertes- y él tampoco planeaba tocar el tema con ella. Habían conversado poco tiempo. Unos diez minutos. Luego se habían despedido cordialmente. Él caminó hasta la esquina de Patrón y Pilar, esperó el 80. Cuando llegó, miró fijamente la rueda delantera derecha y se zambulló.)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);font-family:Tahoma;" &gt;La monja salió a ver el alboroto. Un instante. Fue hasta su pieza y añadió una cruz en una hoja de su cuaderno blanco. Pensó en ir a arreglar el alambre de púas del jardín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-4032910235372135829?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2008/07/normal-0-21-false-false-false.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-1918328796234839247</guid><pubDate>Tue, 06 May 2008 22:12:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-05-06T15:14:08.151-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: rgb(153, 51, 102);"&gt;Nota baño camping&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: rgb(153, 51, 102);"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: rgb(153, 51, 102);"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Buenas tardes. Ante todo quería agradecer a los que hacen esta revista dedicada a informar a todos los que quieren disfrutar de vivir en la naturaleza en todos los campings del país. Y gracias también por recibir estas palabras que ahora escribo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: rgb(153, 51, 102);"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Quisiera contarles unas cosas no del todo agradables de oír pero que si en algún lado tienen que estar escritas es en su publicación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: rgb(153, 51, 102);"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Más que nada me quiero referir a mi estadía y la de mi familia en el camping San Pierino, como ustedes sabrán, sito en una de las localidades más pujantes de la costa atlántica del país.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: rgb(153, 51, 102);"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Llegamos allá y resultó que no había bungalows, así que debimos recurrir a la carpa, que siempre llevo. Lo que además me iba a permitir recurrir a varios implementos que adquirí bajo sugerencia de la presente publicación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: rgb(153, 51, 102);"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Cuestión que armé la carpa con&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;ayuda de algunos de mis familiares y cuando me disponía a enchufar la lámpara para proceder al asado, realicé que no andaba el tomacorriente. Resultado: discretas empanadas de carne y pollo de la proveeduría y las disculpas de los empleados por el inconveniente que a decir verdad, al día siguiente se solucionó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: rgb(153, 51, 102);"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Eso, vaya y pase. Ahora, cuando al día siguiente a causa de la falta de bungalows tuve que hacer uso de la ducha y los baños del susodicho camping a ver ya me abatato de tratar de ponerlo acá se pasaron de la raya por así decirlo. Siendo que había salido de la ducha y sólo con el short de baño puesto me apronté a cepillarme los dientes&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;con todos los cuidados que la situación requería, siendo el lugar apenas apto para la higiene. Con la boca llena de crema dental me tocan el hombro, un chico. Quince años máximo. Que me dice que estoy con la canilla abierta, y de esa manera derrochando agua potable. Me mira con cara seria y al ver que me lo quedo mirando, cierra la canilla y sale de las instalaciones sanitarias. Puedo asegurarles yo que en ese momento podría haber pasado cualquier cosa. Podría ir a buscarlo y sopapearlo o matarlo, o que se yo. Porque yo SIEMPRE cierro la canilla mientras me lavo los dientes. Desde chiquito, que una vez viendo Alf alguno de los personajes mencionó que esa es una de las acciones que ayudan a salvar al mundo o algo así. Cosas que le quedan a uno. Y ahora, en esta situación tan incómoda y de tensión venía un&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;mocoso a decirme como comportarme en relación a las canillas. Y la camisa que iba a usar estaba mojada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: rgb(153, 51, 102);"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Cuestión que salí del baño embroncado como veces pocas. Sentía el corazón latiendo muy rápido, busqué con la mirada al pibe y no lo encontré. No sé para donde se está yendo el mundo. Sin ir más lejos al rato me crucé con uno del camping que me dijo que iba a haber un bungalow disponible en dos días. Yo nada más le dije “bueno, bueno”, pero tenía unas ganas de decirle de todo, de preguntarle si el pibe era del camping, o si no tenían reglas de respeto a los mayores o si dejaban entrar a cualquiera. Pero sé que&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;si abría la boca más de lo debido iba a decir sólo groserías, malas palabras. Yo tendría que haber estudiado abogacía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: rgb(153, 51, 102);"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;La cosa es que todo este incidente me amargó el viaje de vacaciones y más también. Porque empecé a sentir toda una especie de molestia en cada lugar que estaba y unas ganas de que todo sea diferente. Además sentí y sigo sintiendo que las cosas que hacemos en la vida no nos llevan a ningún lugar claro, espero me sepan comprender y estoy dudando si vale la pena, por así decirlo. Estas cosas quería comunicarles con el fin que se ponga en consideración la importancia de una buena atención en los campings del país. Por otra parte quería también decirles que soy un poco rengo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: rgb(153, 51, 102);"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-1918328796234839247?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2008/05/nota-bao-camping-buenas-tardes.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-8258056996077080812</guid><pubDate>Thu, 14 Feb 2008 14:24:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-14T06:27:52.120-08:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En tránsito&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;   Muchos omanes se reunieron en la llanura fatigada. Por ella irían e irían. Casi ninguno opinaba ya que no había nada del otro lado. Unos cuchicheaban que no había otro lado, y reían. Todos lo imaginaban. Una vez más la curiosidad prevalecía. Eso y el encanto hipnótico del verde. Se llevaban a cada uno y cada uno llevaba la nostalgia de cada paso que daba. Tantos hermanos trazaban las generaciones que los habían mecido y los mecían por los caminos que creaban no para volver sino para que otros vinieran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Omanes andando, duraznos caminantes. Nubes de sol y de sueño. Vivientes del sueño en el que las nubes pueden tocarse. Envueltos, encaramados de nube, caminaban. Multitud de huellas. Hermosos octógonos irregulares, constelaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Un omanes, de cuerpo granizado de verde y violeta en su lomo amarillo, vio un río abundante. Quiso corresponder a su generosidad y se zambulló y se dejó llevar. Desde una colina, tres omanes lo vieron serpentear y lo siguieron. Llegaron al mar y en la orilla muchas noches se saludaron con los que cruzaron el río y  siguieron. Hacía muchos omanes que omanes no veían el mar. Otra vez un silencioso encanto que de las costas irradiaba hacia el encuentro de nuevas alturas, los besó como un nacimiento. El mar pronto sería la orilla. Días de madera, de los primeros cantos, y de curiosas ansiedades que se sacudían solas. El camino los siguió sacudiendo, pero ellos veían en el cielo las huellas de sus amigos, que fulguraban como sonrisas imaginadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Días de tierra y de miradas emergieron de los trayectos de los omanes caminantes. La amistad musical de los árboles y sus maderos, viento de los misterios resplandecientes. Omanes al paso de sorpresa junto al diluvio de variantes animales. Y la flor abierta de los caminos. Y los demás asombros de verse juntos en las diversas nostalgias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Como los omanes no contaban el tiempo, no supieron cuando se volvieron a ver los dos grupos, ni hacía cuánto que no estaban juntos. Tampoco sabían exactamente si eran ellos los mismos que se habían separado en aquel río. Estaban confundidos, y se decían “agua” y se decían “tierra”. Asentían pero no sabían que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Sin embargo no tardó mucho en surgir una fascinación extendida entre lomos de colores y dibujos siempre nuevos en sus distribuciones. La seducción les hacía bien. Los ojos  no querían contener las sonrisas. Inauguraron un festejo que se multiplicó y los multiplicó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Algunos omanes del agua llevaron al mar a algunos de tierra, y algunos de tierra, y algunos omanes de tierra mostraron los senderos a algunos del agua. Se decían entonaciones que saludaban de entusiasmo en cánticos ensoñados. Así, el sol y la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Bordeando la costa encontraron un río. Había los que se quedaban en la desembocadura y se iban con el mar y volvían. Estaban los que entraban a la tierra junto al río, a los bosques, las colinas y los valles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Siempre se encontraban.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-8258056996077080812?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2008/02/en-trnsito-muchos-omanes-se-reunieron_14.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-1668108812229810981</guid><pubDate>Fri, 14 Dec 2007 06:44:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-12-13T22:46:06.583-08:00</atom:updated><title></title><description>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;Aproximaciones a un adicto a la nada&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- No. No puedo decirlo ni ocultarlo. Apenas alcanzo a distinguir los bordes, y te respondo observándolos. Fascinación endemoniada. Yo me pregunto si te alcanzará lo que te muestro. De todas maneras, amigo, sé que no puedo mostrarte más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- Yo no nací. No nací nunca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- Los hombres-maquina viven a través. No te los puedo describir ahora, pero son como lo contrario a la gente sentada a la vereda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- Electroencefalograma plano. Los recuerdos de un ñandú que viste en un instante yendo a 150, cruzando el valle de Río Negro. Los recuerdos de ese ñandú.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- Aparece algo así como una intuición de maniobrar con la mente cuerpos. Y una seguridad casi cínica de poder lograrlo. Es una aceptación de estar en condiciones. Una fragua. Pasan ciertas cosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- El ciego y paralítico de la casona de la calle Arribeños. Sentado en la silla. Detrás, el equipo de música. Por la vereda pasa alguien que nació en Macao. Piensa un rato que decirle al primo. Lo llama al fin, pero el primo ya se tomó el tren Mitre-Tigre y está en Béccar cantando con la novia. Eso que pensó decirle al primo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- Hay tareas. Ser un silbador abundante. Abandonar el proyecto de la serie de asesinatos. Ágil multiplicador. Esas cosas entonadas lo mejor posible para no defraudar a ciertas potenciasen las que no creo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- Elegir es peligroso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;En cuanto a&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que esta es una situación única. Un quiebre en la administración, que por cierto siempre queda más o menos contaminada de bien público. Y de otras farsas de igual o más cobardía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- Mi abundancia material es&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;intensa. Salta a la vista. Me despreocupo de ello. Me concentra el daño que les hago a los demás. El daño plural me moviliza. Atiendo esas inquietudes. Busco que prevalezca eso que es antiguo y&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;adelantado llamarlo absurdo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- No.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- A mi me gustaría ser el último de todos. Es a lo que aspiro. Regado de denominaciones, me evoco en la falta de secretos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- Ya no busco eso. Es un paso: nunca me importó. Tampoco busco un fin último que encaje con lo que vivo. Una vasta sensación que repercute en imágenes y planes dejados de lado. Liquidación de lo que pasa y de las estructuras que se forman. Bloqueo. Paso incómodo. Clausura. Lo claro es lo oscuro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- Alzheimer. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- Perforado, por supuesto. La identidad turbia provoca. Pero parte del juego sin reglas es esquivar esas vacilaciones propuestas. El nudo de las perplejidades está en la mirada. Es como una rima. Un aturdimiento sincopado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- Confrontarse a las evidencias, en lo que a mi respecta, es una tarea confortable en vistas a dialogar con inocencias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- Esquivos a lo abrupto que mis gestos señala.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- (…)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Century Gothic&amp;quot;; color: rgb(51, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;- Si, pero eso no lo puedo decir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-1668108812229810981?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2007/12/aproximaciones-un-adicto-la-nada-no.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-3845185091183803211</guid><pubDate>Tue, 27 Nov 2007 23:28:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-11-27T15:28:58.072-08:00</atom:updated><title></title><description>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;La rueda&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Aníbal llegó a su casa, caminó el pasillo y abrió la puerta de chapa. Desde el patio oyó el bochinche. Otra puerta y tuvo ante él a los chicos desparramados en la alfombra jugando a la ruleta. Pateó una ficha. Olió pollo, qué alegría. Fue a la cocina a saludar a Elena. Estaba aplastando papas, iba a haber pollo con puré. Estaba subiendo de peso Elena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;- Los chicos de Eli ya se van. Eli&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;ya los llamó dos veces- Elena le sonrió a Aníbal. – Andá a la mesa, estás cansado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;-Si, si, si.- Aníbal acarició a Elena yéndose. Se sentó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Se escuchó la voz de Eli amenazando a sus hijos. Nico y Fede se levantaron y saludaron un poco molestos. Rápidamente decidieron una reunión a la tarde del día siguiente para seguir con la ruleta. Se fueron corriendo por el pasillo y la puerta del departamento a la calle resonó cuando los tragó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Comieron alborotados, viendo la tele. De pronto Aníbal se dio cuenta de que se había quedado mirando a Facu. Los demás también se dieron cuenta, así que se sintió obligado a decir algo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;- ¿No estás grande para jugar a la ruleta?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;- ¡Eh! – Se defendió Facu- Si yo tengo trece y Flopi 15. Decile a ella. Y Fede tiene quince también.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;- Yo ya tengo nueve- dijo Franco muy seriamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Flopi se sonrojó pero nadie lo notó. La conversación se deshizo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Terminaron de comer. Flopi y Elena llevaron las cosas a la cocina. Franco se fue a la pieza. Facu y Aníbal se quedaron en la mesa viendo la tele. Un rato más tarde se incorporaron Flopi y Elena, que mandó a dormir a Franco. En la tele se fueron al corte y Flopi y Elena empezaron a charlar. Aníbal trataba de acordarse lo que había que hacer con más urgencia en el taller: los frenos del Palio de Leo, la correa de distribución del Clio de Mario, ah, y cambiarle los amortiguadores al Gol de Sergio. Que bodrio ese Sergio... Flopi ya no estaba. Elena le trajo un café y charlaron un rato. La entrega que tenía que llevarle a Marina al día siguiente la preocupaba a Elena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;- ¿Lo tenés listo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;-Casi. Mañana lo termino y lo reviso así Marina no me jode.- Elena se levantó. - ¿Podés cortar Flopi?, o decile a Mica que llame ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Al minuto sonó el teléfono. Aníbal se levantó, llevó el pocillo a la cocina. Volvió y fue a sentarse al sillón. Pateó otra ficha. Miró la ruleta abandonada en el piso. Iba a&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;rezongar que guardaran todo eso, pero se calló y se prendió un cigarrillo. Habían vuelto del corte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Pasó Flopi y lo saludó con un beso en la mejilla. Se iba a dormir, dijo. Llegó Elena y se sentó en el otro sillón. Comentaron algo de la tele y después Elena dijo que se iba a pegar una ducha y después se iba a dormir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;- Cuando termines voy yo- dijo Aníbal, y prendió otro cigarrillo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;- Bueno- Elena entró al baño. Otro corte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;A Aníbal le causó gracia una publicidad y resopló una risa. Después volvió a mirar la ruleta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Cuando Elena salió de la ducha hacía rato que estaba girando. Aníbal estaba arrodillado y cuando Elena entró, no la miró. Ella salió al patio un momento. Volvió y se acercó a Aníbal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;- ¿Qué pasa?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;- No para.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Se agachó Elena. En cuclillas observó un rato lo que veía Aníbal. Le empezó a doler los muslos. De pie, le dijo a Aníbal que se iba a dormir. Él se levantó y fue a pegarse una ducha.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Había decidido irse directo de la ducha a la cama, pero tuvo que ir a buscar el paquete de cigarrillos a la mesa, apenas se asomó para ver la ruleta, que seguía girando silenciosamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Se durmió pensando en los asuntos del taller. No soñó, o al despertarse no recordó haber soñado. Se levantó muy temprano. Hizo café. Fue a ver la ruleta, seguía girando. Tomó el café. Se vistió. Dejó en la mesa un cartel con letras bien grandes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;NO TOQUEN &lt;st1:personname productid="LA RULETA O" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="LA RULETA" st="on"&gt;LA   RULETA&lt;/st1:PersonName&gt; O&lt;/st1:PersonName&gt; LOS DESCAJETO A PATADAS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Subió a su Renault 9, que dormía en la calle, pobrecito, y dobló en Juan B. Justo. A media cuadra de llegar al taller de la calle Iturri, divisó a Sergio que esperaba apoyado en su Gol.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Volvió cerca de la una, con bastante hambre. No supo que era el silencio lo que lo puso nervioso cuando entró. Rápido se dio cuenta de las personas que no conocía, sentadas a la mesa. Un flaco, joven y bien vestido y un gordito en mangas de camisa, con pelo revuelto y anteojos. Dijo “hola” y fue en seguida a la cocina esperando que estuviera Elena. Estaba. No tuvo que decirle nada Aníbal para que se diera cuenta de lo confundido y malhumorado que estaba. Aun así, Aníbal le&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;habló.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;- ¿No te acordás de Eugenio?- trató de calmarlo Elena, sonriéndole. – El hijo de Nori. Estudia química en la facultad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Aníbal se acordó. El flaco era. Fue al comedor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;- ¿Cómo andás Eugenio, tanto tiempo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Eugenio se paró para darle la mano, y le presentó al gordito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;- Osvaldo Salas, mi profesor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Venían por lo de la rueda de la ruleta, claro. Elena le contó a Eugenio y el vino con el profesor a ver que pasaba. La verdad, estaban asombrados. Ojo, no tocaron nada, como tan claramente pedía el cartel.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Recién en ese momento Aníbal se fijó en la ruleta. Se inclinó hacia ella un instante y la vio girar. Elena trajo los panchos y Flopi puso la mesa. Facu salió de su cuarto y se sentó en un lugar que no era el suyo, aparentemente sin importarle.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;- ¿Y Franco?- preguntó Eugenio sirviéndose un pancho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;- En el colegio. Va a doble escolaridad y se queda en el comedor. Uno menos.- Aníbal le pasó la mostaza. Y como es Franco, seguro debía estar contándole a todos de la ruleta... Agarró la mayonesa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Eugenio y Salas empezaron a preguntarle. ¿Quién construyó la rueda? - ¿Trataste de frenarla? - ¿Va más rápido, más lento? - ¿Nunca había pasado? Aníbal contestaba y no había respuestas. Salas tenía un hermano licenciado en Filosofía, podría llamarlo para comentarle el caso, que sin dudas tenía perspectivas de análisis desde su campo...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Golpearon la puerta del pasillo. Flopi fue corriendo a abrir. Ella y Fede entraron, casi cautelosos. Hablaron Eugenio y Salas y Aníbal un rato más, después se fueron y prometieron que volverían al día siguiente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Entró a la cocina Aníbal y Fede les estaba contando a Elena y Flopi que le había contado a una profesora de la ruleta. Ella le dijo que su hermana trabajaba en un noticiero de la tele y le dio el número, capaz podían llamar. Fede miró a Aníbal, que dijo una mirada a Elena, que dijo “Puede ser”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Salió y la calle Velasco le pareció demasiado transitada. Subió a su Renault 9, hizo media cuadra y el camino al taller. Se quedó hasta tarde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Elena le calentó las empanadas. Franco dormía, Flopi hablaba del noticiero con Facu. Aníbal prendió la tele y se quedó mirando un buen rato. En un corte escuchó la ducha. Los chicos no estaban. Agitó los brazos y después levantó la ruleta intentando que no perdiera la horizontalidad. La llevó hasta la cama, tendida por Elena a la mañana. Abrió el placard, sacó sus zapatos y algunas cajas. Metió la ruleta y cerró el placard. Acomodó los zapatos y las cajas y volvió al comedor a ver la tele.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Cuando escuchó a Elena que salía del baño apagó la tele y las luces y la llevó a la cama y se metieron juntos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;A la mañana se fue temprano. Le vino a pagar Sergio y pasó el de los churros. Y Héctor le trajo el jeep para que se lo prepare para llevarlo a Ostende. Ya era hora de cerrar y Aníbal no se decidía. Miró alrededor, vaciló un instante, pero al final volvió por donde vino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Courier New&amp;quot;; color: navy;"&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Y entonces el hombre entró por primera vez en la casa y vio que ahí todos los portarretratos tenían la foto de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-3845185091183803211?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2007/11/la-rueda-anbal-lleg-su-casa-camin-el.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-1310950698181071315</guid><pubDate>Thu, 20 Sep 2007 02:43:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-09-19T19:59:37.770-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; color: rgb(0, 0, 102);" align="center"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Dos que se separan&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; color: rgb(0, 0, 102);" align="center"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="color: rgb(0, 0, 102); text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Una vez se separaron. Ya no estaban juntos ni querían. Ni se querían. Y comenzó una serie de curvas que los perforó en angustias y en leves compensaciones. Las cíclicas atracciones los absorbieron en atardeceres de llantos y orgasmos postreros. Les invadía un lamento melancólico de cosquilleos pretéritos, una especie de ceremonia de validación de un sino misterioso, como todos. Y se alejaban con el asco del error. Se decían a ellos mismos que ya&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;no más, que se abriría la figura nueva de dejarse. Se hacían preguntas deambulando en circuitos con formas de signos de interrogación. Vuelos de moscas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="color: rgb(0, 0, 102); text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Uno de ellos se obstinó en otra pareja y otro se abundó en la soledad aparente y ficticia de una&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;espera. Y nunca fue de esperar... No los perseguían látigos envenenados. No miraban si la valija bajaba para hacer la aduana. No iban a la peluquería ni a los dardos. La televisión, alma catódica, o la marihuana disuelta y colada en leche chocolatada. Los cielos. Eran parecidos a los granos de cielo que se ven a través de una ventana en verano, y se vencían mutuamente, se arrinconaban. Entre sueños de sus vientos quedaban alojados en alturas predigeridas y secretamente desconcertantes. Cada uno se hacía visera con el canto de la mano en la frente y los ojos se abrían como granos que eran.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="color: rgb(0, 0, 102); text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Veloces de sensaciones bebían el viento secreto y expuesto en diversas vidrieras, peceras, monitores, everything in its right place pero al revés y con piruetas incomprensibles. ¿Encontraría a la realidad? ¿Enderezaría la única posibilidad ya de antemano perdida? Vuelcos y revuelcos aburridos permitidos en territorios hace tanto abandonados, para renovar el abandono. Sólo que &lt;i style=""&gt;para&lt;/i&gt; ya resultaba risueño, en esa vigilia de mil días, constante y sin miga. El silencio oscuro como último rincón de felicidad íntima y enfriada en la desolación indiferente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="color: rgb(0, 0, 102); text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Hubieran querido ser más curtidos para no fanfarronear tanto. Hacia dentro especialmente, sólo que adentro significaba afuera, hacía ya mucho… Envueltos en sus ropas más queridas se callaban mucho. La avenida era tan larga y tan conocida. La ciudad y las otras ciudades y los pastos y las conmovedoras panorámicas de años. La vuelta a silencios verdaderos y comotellamás y niahímevaadarbola y niahímeinteresa. Un costado de penumbra constante, los viajes silenciosos y las ocupaciones desvanecidas en los días insectos. Los trazos incorporados por la imaginación mareada incomodando la tristeza apagada, cansada de tristeza. La nueva pareja de uno se había ido en un pestañeo, y los besos al otro le habían llegado como desde otro plano de las sensaciones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="color: rgb(0, 0, 102); text-align: left;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Arco extraño nuevamente, de aventuras solitarias, desgarrado a húmedos mordiscos. En hamacas al amanecer, sonriéndose, saludándose. Y los kilómetros indeterminados, saben que están de más, se desentienden, buscan otros caminos. Y entonces si que están lejos de veras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;  &lt;span style=";font-family:&amp;quot;;font-size:12;"  &gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 102);font-size:100%;" &gt;No se vieron más. Se tomaban alternativamente el 58 y el 131. Si él estaba en una línea, ella estaba en la otra. Así fue desde entonces, 58-131-58-131-58… 58 y 131, que son dos líneas que se cruzan permanentemente por la ciudad de Buenos Aires.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-1310950698181071315?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2007/09/dos-que-se-separan-una-vez-se-separaron.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-4311757442018551302</guid><pubDate>Thu, 20 Sep 2007 02:32:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-09-19T20:01:02.915-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Simbad y las noches&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;De chico, Simbad vivía con su madre. Su padre no estaba. Su diferencia creció suavemente sin pavores ni ocultamientos. No dormía, su madre si. Ella lo despedía y se dormía y Simbad se abría a la noche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Se acostaba, cerraba los ojo&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;s, &lt;span style="color: rgb(51, 51, 0);"&gt;los abría. Con las noches y las noches comenzó a salir al patio, que daba a la calle y más allá, los galpones, las vías, la estación, la ruta… arriba las estrellas. Todas. Los ratos que preceden al amanecer y de vuelta al cuarto. La madre lo llama y van juntos a la escuela. La madre es una maestra. Eran dos pedacitos blancos en el panorama constante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Una noche se le ocurrirá escabullirse del patio a la calle a las vías, cruzar la estación y quedarse sentado la noche en algún juego de la plaza que da a la ruta. Verá pasar muchos camiones y camionetas. Volverá con el silencio que aprendió, antes del amanecer que despierta a los gallos y a la madre. – El silencio es un viaje- se dice.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Los otros chicos eran de tierra, como él. Contaban algunas veces sus sueños, y Simbad también contó. Simbad sueña con caminos y camiones, con estrellas y con el interior de los silos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Seguía yendo a la ruta y en la oscuridad se iba y volvía en los camiones. Noches de los fulgores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Un tiempo en el que había noches con pocos camiones puso a Simbad a contar cuántos pasaban. Cuatro una noche. Tres otra. Dieciséis&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;una algo más próspera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Ahora casi siempre los contaba, una especie de costumbre que era más bien distraída. Contaba y lo sentía irreal. Ver las luces, el ruido, el viento y era uno. Otro, otro… Otra vez estaban pasando seguido; - uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, erab, siete, ocho, nueve, diez, once… Caminando el lucero, Simbad miraba los galpones, respiraba lo grandes que eran, se decía que erab no lo decían en la escuela o en ningún otro lugar en el que él había estado, miraba su casa que parecía flotar apenas sobre la tierra callada del paisaje.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Si decimos una cosa imposible y la desechamos, porque es imposible, nos perdemos de una fértil dotación de vida. Dicho lo imposible, habiéndolo encontrado, seguir esa imposibilidad nos dará generosos desconciertos que podremos recorrer hasta redescubrir la imposibilidad. Así, la habremos conquistado, y será nuestra imposibilidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Silbaba Simbad, y se escuchaba con la boca. Simbad poblado, regalado de imposibles. Veía la vida de gases, de planetas, oía con la boca, plantaba caminos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;No nos inmiscuiremos en los incalculables episodios que se generaron a través de ese momento en la vida de Simbad. La discreción suele favorecer a las actividades libres. Claro que éstas atraen y cobijan confidencias. Como rincones de largas penumbras alcanzados por suaves destellos, o la noche celeste en el segundo del relámpago.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Alguna vez Simbad pasa una semana en un silo que encontró caminando las vías al norte o al sur. Vuelve y la madre abrazándolo le dice que no está muerto; el no está tan seguro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;En el silo se da cuenta de que una chica lo atrae y se queda quieto hasta que le duele, dibujando en la oscuridad sus ojos. La besa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Silo y mujeres unidos para siempre por Simbad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Un día Simbad se subió al camión. El pueblo, la estación, quedaron lejos la jornada. Fue la ruta y las rutas. Y el país. Vio como un silbo varias veces la estación y el pueblo desde la ruta. La llanura de las miradas y las montañas. Vuelve al pueblo. Saluda al amigo que se va con el camión. Abraza a la madre que no está cuando se fue ni cuando vuelve.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;La música empezó a salir con él. Las chicharras de la noche le enseñaron el compás. Miraba otra vez como miraba desde el camión a dos ríos juntándose entre las sierras, era igual a la melodía y a las próximas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;span style=""&gt;         &lt;/span&gt;Simbad vuelve a las noches, a la estación, a la ruta, a las estrellas, al silencio. Se queda. Es uno de los cientos de millones de habitantes del pueblo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;" &gt;A Lugones, Santiago del Estero&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-4311757442018551302?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2007/09/simbad-y-las-noches-de-chico-simbad.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-5496387037515677600</guid><pubDate>Tue, 24 Jul 2007 21:10:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-09-19T20:02:21.235-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; color: rgb(102, 51, 51);" align="center"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;font-size:180%;" &gt;Gira&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right; color: rgb(102, 51, 51);" align="right"&gt;&lt;span style=""&gt;a los amigos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(102, 51, 51);"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style=""&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;Fue particularmente agradable que el viaje se concretara de una forma tan negligente y rápida. ¿Dónde íbamos a dormir? ¿Conocíamos a alguien en Rosario? ¿A qué lugares teníamos que ir? A Fernando le habían dicho que la noche rosarina seguía siendo rica en tugurios, sótanos, esos lugares que después de cromañón&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;tanto se extrañan en capital. Gaby y yo no tuvimos que insistirle casi nada y al rato estábamos en Retiro, en la boletería del Mitre sacando boletos para Rosario. A Gaby lo conozco de hace años del barrio. Cada vez que caminamos por el parque me sorprende la cantidad de gente que lo conoce. Él vive sobre &lt;/span&gt;&lt;st1:personname style="color: rgb(102, 51, 51);" productid="La Rioja" st="on"&gt;La Rioja&lt;/st1:personname&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt; y yo sobre Urquiza, sin embargo yo parezco transplantado en el barrio. Esto es inevitable puesto que Gaby habla con cualquiera de la manera más natural y despreocupada. Yo tengo una buena relación con la china del almacén y mejor aun con su marido, que apenas domina el castellano. Claro que antes de ira a Retiro pasamos por la calle 33 orientales para que le avisara a su madre y consecuentemente, se cuide y lleve abrigo. Lidia, la madre de Fernando, nos hizo mala cara a Gaby y a mí. A Gaby es imposible que eso le importara y yo ya estoy acostumbrado a Lidia puesto que hice toda la secundaria con Fernando y estudiamos lo mismo en la facultad. Subtes E y C, Retiro. 15 mangos la ida. La vuelta la sacamos allá. Viernes a la tarde, la ropa de las chicas que salen de sus laburos tiene todo el aspecto de ir desabrochándose al fin de semana. Gaby, Fernando y yo subimos al tren. Pudimos acomodarnos tranquilamente, en nuestro vagón había bastante poca gente. Era gente más bien grande, hombres con portafolios, que iban o venían por trabajo, alguna que&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;otra familia. Yo me pregunté en voz alta por qué no había minas. Fer sonrió y Gaby se explayó un buen rato con su hipótesis de la cercanía de semana santa y que las chicas de Lima, de San Nicolás o de Rosario preferirían esa ocasión para volver a sus casitas. En fin, el hecho es que minas no había. Mientras podía verse algo por la ventana hubo ciudad. El campo empezó ya entrada la noche. Yo iba del lado de la ventanilla así que&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;miré bastante tiempo las estrellas. Un tipo vino a decirme que cuando estuviéramos cerca de Rosario bajara la cortina metálica porque tiraban piedras. La cerré en ese mismo momento porque estaba seguro de que iba a olvidarme. En eso volví a prestarles atención a los chicos. Los había estado oyendo desde hacía un rato. Discutían en voz baja con alguna que otra exclamación retórica que en el caso de Gaby se parecían a espasmos y en Fer, a hipos. Hablaban de cromañón, de los culpables. Hablaban con el dolor y el desajuste que todos tuvimos por aquel tiempo. Se dieron cuenta de que había entrado a la conversación, aunque sea como oyente, como es costumbre en mí. De todos modos me miraron y supe que esperaban que les dijera algo. Sólo pude recordarles lo que alguna vez dijo un profeta pelado que conocemos: “¿Sos callejero vos? Bancátela”. Se callaron un instante y después Gaby dijo que era mejor tomar el Gancia antes de que se calentara del todo. Estuvimos de acuerdo y se fue a buscar limón, porque el Gancia le gusta con limón. Yo le dije que no estaba seguro si el tren tenía coche comedor, pero él fue a buscar igual, seguro de que alguien en el tren le iba a convidar un limón. El rato que estuvimos solos con Fernando lo pasamos callados, como tantas otras veces, y tomando uno que otro traguito de Gancia que, efectivamente, ya no estaba frío. Por eso nos puso contentos que Gaby llegara con unos hielos envueltos en una servilleta de papel además del limón. Tomamos el Gancia que con hielo y limón estuvo exquisito. Repartimos un sanguche de milanesa que había llevado Fer y después tratamos de dormir un rato. Llegamos a la estación Rosario Norte a la madrugada y preguntamos en la avenida como ir para el centro. Caminamos por un boulevard que se llama Oroño turnándonos para llevar la mochila de Fernando que contenía nuestras provisiones por demás austeras. Doblamos en una avenida ya que en el boulevard no había negocios a kioscos abiertos. No pasó mucho hasta que encontramos donde comprar cervezas. Nos sentamos en un umbral. Estábamos cansados por el viaje. Un tipo que estaba cuidando autos (a una cuadra había un boliche) vino a pedirnos un trago y se quedó charlando. Primero pensó que éramos de Racing que jugaba al día siguiente con Newell’s. Después creyó que no teníamos casa y nos tiró el dato del padre Santillán que tiene un hogar. Más allá del pedo que tenía nos dimos cuenta de lo que estábamos haciendo no era tan fácil de entender como nos pareció en un principio. &lt;/span&gt;&lt;st1:metricconverter style="color: rgb(102, 51, 51);" productid="400 kil￳metros" st="on"&gt;400 kilómetros&lt;/st1:metricconverter&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt; para hacer una gira… Creo que a Gaby le hinchó un poco el pecho eso. Fer se cagaba de risa, decía que bien podíamos pasar por fugitivos, por simuladores, por simples mentirosos cuando sólo éramos unos limados que se fueron de gira de Buenos Aires a Rosario. Un rato después Fer estaba durmiéndose y el cuidaautos volvió por última vez a preguntar si teníamos faso, que seguramente era su esperanza desde que nos vino a hablar. Luego de las respuestas elusivas y ciertas, no volvió. Se empezaban a ir algunos autos. Ni las 4. Pero el boliche era careta y de pendejos. No era la zona seguramente, así que volvimos a enfilar para el centro según las indicaciones de un par de fantasmas rosarinos más bien asustadizos. Ahora era Gaby el que se dormía caminando. Yo seguía en ese estado de somnolencia alerta e introvertida que era por demás frecuente en mí cuando salíamos. Pero en general se notaba una atmósfera de cansancio no reconocido. Un viejito se me puso a hablar casi de la nada y me indicó una calle que llevaba derecho a la peatonal, la que sale a la plaza y al monumento. Los chicos se habían sentado en otro umbral, esta vez de una casa vieja casi llegando a la esquina siguiente de la que estaba hablando con el viejo. El humo de los cigarrillos crecía hacia el farol que bronceaba el empedrado desde su cima cercana. Les dije a los chicos las indicaciones del viejo y al rato seguimos viaje ya que ninguno iba a decir que no podía más. No fue necesario decirlo. Cuando llegamos a la peatonal nos derrumbamos en una esquina. Fer se durmió, Gaby me&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;dijo que en un rato estaría bueno ir a buscar una cerveza. Él cerraba los ojos apretando la mochila entre sus muslos y el pecho, pero ponía cara de estar atento. Luego de un rato, volvía a abrirlos, miraba alrededor y me hacía un gesto de asentimiento. Yo no dormía más que nada por mi insomnio que por aquella época era prácticamente inquebrantable. Después de responderle un par de asentimientos a Gaby, me levanté y fui a buscar esa cerveza. Guita seguía habiendo así que no quise pedirles a los chicos pero Gaby se dio cuenta de que me iba y me llamó y me dio dos pesos. Así que me fui por la peatonal semidesierta. No me animé a preguntarle al del kiosco de diarios no sé porqué, pero la verdad pasé mirándolo y la pregunta se me quedó en la garganta. Un par de pasos adelante la pregunta salió sin darle tiempo a la vergüenza. Eran tres o cuatro chicas. Apenas la pelirroja comenzó a indicarme como llegar al kiosco, la vergüenza empezó a aparecer como una avalancha roja. Para que no se note tanto, hice un personaje. Un pibe sencillo y abierto. Les pregunté que estaban haciendo. Me dijo la chica que habían salido de “El cubo” porque su amiga se sentía mal. Le pregunté&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;donde era “El cubo”. La pelirroja se rió y dijo algo así como: “vos no sabés donde queda nada” o algo parecido. Le expliqué que era de Buenos Aires y estaba con mis amigos y eso… Ella se reía. Me dijo donde quedaba el boliche. La amiga con la remera de Los Piojos dijo que estaba re mal y creía que tenía fiebre. Mientras se iban les dije que nos mañana en “El cubo”. La pelirroja sonrió y yo fui hasta el kiosco a buscar la cerveza. Cuando volví vi que “El cubo” quedaba a media cuadra de la esquina en la que Gaby y Fer dormían. Lo desperté a Gaby y le convidé cerveza. Planeamos ir al río en cuanto amaneciera suponiendo que fuese más o menos cerca. Le conté lo de las pibas. Se asomó para ver la entrada de “El cubo”· Miramos a Fer que dormía con las piernas extendidas, la cabeza hacia atrás, apoyada en una cortina y la nuez de Adán latiendo en primer plano cubierta por la dura y áspera barba de tres días. Después de un rato de mirarlo nos dimos cuenta de que los dos lo estábamos haciendo y nos reímos. Fernando se despertó y nos miró extrañado, o eso creí en un primer momento, pero me di cuenta de que estaba siguiendo con la mirada a alguien que estaba a mis espaldas. Con Gaby nos dimos vuelta y vimos a unas cincuenta personas que estaban saliendo del boliche. Varios venían para nuestro lado. Había una agradable diversidad de chicos que pasaban fuera de sí, quizá puestos o quien sabe qué. Unos chicos nos pidieron cerveza. Casi ni había, quedaba el fondo así que no nos dolió regalársela. Los chicos se fueron re contentos. Pasaron unos cuantos travestis. Un pibe se nos puso a hablar hasta que se olvidó de que hablaba y logró que Gaby mirara para otro lado y no le siguiera la conversación. Sin embargo en general sentí que todos eran cordiales y amables. Muchos saludaban y hasta los pibes que nos pidieron cerveza nos trataron bien. El movimiento nos despabiló casi a la fuerza. Hubo bostezos de Fer y gritos desperezados de Gaby. Caminamos por la peatonal. A un par de cuadras en una esquina había un cartel con un mapa del centro. Ahí vimos que estábamos bastante más cerca del río de lo que creíamos. Llegamos a una plaza y desde ahí vimos el monumento a la bandera. Fuimos a desayunar a un bar cerca de la plaza y después fuimos al monumento. Todas banderas argentinas excepto una. Muchas banderas, no las contamos, todas argentinas, pero una verde con un círculo rojo en el centro. Nos miramos como pidiéndonos explicaciones. Fernando dijo que le parecía que era la bandera de Bangladesh, lo que no aclaró mucho nada. Fuimos –Gaby nos llevó- a preguntarles a unos guardias y, efectivamente, era una bandera de Bangladesh. Dijeron que una de las banderas escoltas es del país que celebra su independencia ese día. Gaby le bromeó a un guardia algo respecto de 4 de julio, pero no se río y yo me apuré a ir para el lado del río. Un rato más tarde estábamos en la costanera mirando hacia la isla y Entre Ríos. Me acomodé en un banco y me dio sueño. Le dije a Fernando que iba a dormir un rato. Él a su vez se estaba acomodando en otro banco con unos apuntes de la facultad en el pecho. Gaby se había ido a dar una vuelta prometiendo que volvía&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;en unas horas con comida. Me desperté, supe después de hacerlo, tres horas más tarde. Me sentía liviano y al desviar la mirada de las nubes al río justo cuando empezaba a pasar un barco frente a nosotros, me apareció una felicidad tranquila de una sincronía que era a la vez interna y externa. Era el barco que empezaba a pasar justo cuando yo miré. Y era poder mirar cosas que son cotidianas en otro lugar. Mire hacia el bancote Fernando. Seguía leyendo. Teníamos algo de hambre y Gaby no volvía. Yo le pedí a Fernando algo para leer. Me dio un texto que leí hace un para de años, claro, yo estoy más adelantado que él en la carrera. Lo hojeé desinteresado. Luego me sumergí en tratar de entender (dos infinitivos seguidos, carajo) ese desinterés. En eso llegó Gaby y me di cuenta de que estaba atardeciendo. Ya no había casi pibes jugando al fútbol y Gaby trajo sanguches de milanesa y un racimo fenomenal de bananas. Para tomar algo trajo agua. Dijo que había conseguido faso gracias a un tipo de&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;un kiosco de revistas de la peatonal que le dio el dato. No quise saber si era el mismo a quien no me animé a preguntarle donde conseguir cerveza. No creo. Hicimos las cuentas para repartir los gastos. Las pepas las había traído de Buenos Aires Fernando. Yo fui el que más tuvo que desembolsar en ese momento pero todo quedó claro y bien repartido. Con eso resuelto caminamos por la costanera. Encontramos un lugar que medio bajaba al río, y estaba un poco escondido. Ahí Gaby armó y fumamos. Estábamos bien pero teníamos frío. Subimos y nos metimos en la ciudad. Aunque hablábamos de cualquier cosa y nos reíamos yo ya sentía de manera casi imposible de esconder, una incomodidad que aun no podía definir.&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;Ya era de noche y seguíamos deambulando por el centro, tomando cerveza. Gaby hablaba con los vendedores. Fer y yo escuchábamos y de tanto en tanto metíamos algún bocadillo. Compramos papas fritas y otra cerveza y después un Fernet con coca. Enganchamos la peatonal y vimos que “El cubo” estaba abierto. Eran las doce y media. Entramos. Tocaba una banda. No me acuerdo como se llamaba. Cantaba un pelado y sonaba cruda y bastante bien. Tocaron tres o cuatro temas y bajaron. Colamos las pepas y vimos gente que fumaba así que fumamos también. Cuando entramos había cincuenta o sesenta personas. Gaby averiguó que iba a tocar otra banda. Me imagino que era más conocida porque empezó a entrar gente. No me gustó mucho… Tenía armónica, dos saxos y a mi me pareció que creían tener mística… nos dimos cuenta de que no teníamos ya tanta guita. Igual había algo de faso más lo que pudiese rescatar Gaby por ahí. Ya estaba a punto de definir mi malestar cuando vi a la pelirroja. Venía caminando hacia mí y eran tres y las tres me dieron el mismo beso. Y nos seguimos besando un buen rato. Un largo largo rato. Cuando me soltó la lengua volvió a ser una. Le dije que volvía enseguida. Di unos pasos hasta Fer, apoyado en una pared. Le dije que estaba por decirle que estaba muy triste. Fer dijo que si con la cabeza. Volví adonde estaba la pelirroja y mi recuerdo se metió en mi cabeza y de pronto estaba todo alrededor. Esa noche que nos habíamos encontrado en el parque con los chicos de la escuela. Un viaje indefinido que nos dejó en puente Saavedra. En un kiosco del lado de provincia alguien compró una petaca de Tía María. Me convidaron y sentí por primera vez el saber de una bebida alcohólica, que fue como un fuego silencioso y secreto. Cruzamos el puente, hicimos un par de cuadras por la avenida y entramos en un boliche que se llamaba Margarita Rock. Me aburrí un rato, parado en un costado hasta que vino Diego con una chica y me la presentó. Sorpresivamente para mí el saludo de la chica fue un largo beso en la boca. En menos de una hora había conocido dos claves que marcaron el pulso de mi vida desde entonces. La chica era pelirroja como la piba que me estaba hablando. Me decía que le decían la rusa. El nombre no me lo acuerdo, capaz nunca lo supe. También me decía que la suya era la mejor cama de Rosario. Miré alrededor. Gaby hablaba con un tipo en la barra, gesticulando y moviendo los brazos. Fernando hablaba con una chica, me pareció que era otra de las que me había cruzado en la peatonal. Fui a decirle que me iba, y que nos encontrábamos en los bancos del río a las tres de la tarde. Le dije que Gaby estaba por ahí, que le avisara. Agarré a la rusa de la mano y salimos del boliche. Respiré fuerte cuando sentí el frío de la madrugada. La rusa me agarró del brazo y me sentí incómodo, pero traté de no darle importancia. Caminamos rápido las diez o doce cuadras hasta su casa. Ella vivía con su vieja pero estaba en lo del novio, me dijo, así que la casa estaba sola. Un pasillo, una puerta de madera, una computadora, la pieza, la cama. No sé si era la mejor de Rosario pero… Nos levantamos, puso la tele, picó y fumamos. Yo la miraba mientras cortaba una porción de tarta y me acordaba de Caro y me repetí varias veces que no tenía que acordarme más de Caro. Me preguntó un par de cosas más de mí. Le dije lo que estudiaba, mi barrio, mis años, ella me dijo más o menos lo mismo de ella. Vimos el final de Ojos bien cerrados, que por casualidad estaban pasando en un canal de cable. Ella después vino a sentarme en mis rodillas y volvió a besarme. Fuimos a la pieza. Me desperté sofocado. La sensación que había empezado la noche anterior no se había ido, y la entendí de una forma tan clara que ahora no sé si podría entenderla como ahí. La estaba viviendo. Ahora es un recuerdo. Otro. Uno más. La rusa dormía desnuda, era la mañana, por el reloj y por el aire lo sabía. Necesité salir. Irme. La rusa me pidió el teléfono por si iba alguna vez a Buenos Aires y me dio el suyo por si volvía. Me dijo que si quería arreglara para volver en semana santa, que podía quedarme ahí. Le dije que iba a ver… nos vestimos y me abrió la puerta del pasillo. La otra estaba abierta, me dijo. Le pregunté como volvía a la peatonal y se rió. Yo también. Pensé que capaz volvía a Rosario para semana santa. Nos besamos y me fui. Había poca gente en la calle y una especie de claustrofobia seguía corriendo por mi cuerpo. Entré en un bar y pedí un vaso de agua. No muy amablemente me lo dieron y me fui, amablemente. Pasé por la esquina de “El cubo”. Me quedé viendo un rato la procesión por si salían Fer o Gaby, pero no pasaron. Fui por unas calles de adentro y salí al río. Mi agitación seguía. El viento frío, el río, no pudieron calmarla. Vi a un Fer tirado en el mismo banco del día anterior. Nos saludamos. Él no me preguntó y yo no le pregunté. Traté de dormir un rato hasta que llegó Gaby con unos chicos que había conocido en “El cubo”. Traían cerveza, un saxo y tambores y yo casi salgo catapultado hacia la estación, pero la opresión continuaba dentro de mi cuerpo y no me dejaba reaccionar livianamente. Nos saludamos todos. Los chicos eran algunos de la segunda banda más unos conocidos. Serían seis o siete más Gaby, al que le decían el cóndor. Seguramente Gaby les había contado esa vez que un viejo le había elogiado su conversación diciéndole que volaba alto como un cóndor. Por alguna razón eso lo fascinó y siempre que puede saca a relucir la anécdota y terminan diciéndole así. Yo me miré un par de veces con Fernando hasta que vino a decirme que quería ir yendo para la estación. Yo le dije que me sentía mal, que&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;necesitaba caminar. Uno de los pibes me preguntó algo sobre la hembra con la que me había ido. Alguien nombró a la rusa, pero no me di cuenta que dijo o cual de ellos era. Igual fui derecho a decirle a Gaby que me sentía mal y me iba a caminar. Fer se enganchó y le dijo que me acompañaba. Luego de dar un trago y de pasar la cerveza, Gaby nos abrazó y dijo que nos encontrábamos a la noche en la estación. Caminamos con Fer&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;por la costanera. Podría haberlo disfrutado si no hubiese sentido ese pánico, ese encadenamiento interno que no me podía explicar; que me ahogaba aun en ese entorno abierto. Había una fuerza que se moría por salir de mí, por reconocerse como parte de mi vida, y que se oponía a las cosas que había vivido en esos años. Seguimos caminando muy despacio por la costanera. Fer estaba de buen humor. Habló con gente, yo me mantenía algo alejado, como si me sintiera mal físicamente. Le dijeron como salir a la estación. Por la costanera cortamos bastante camino sin proponérnoslo. Pasamos por una feria de antigüedades que Fer revisó muy detenidamente mientras yo posaba mi mirada en las cosas, aturdido y desalentado. Pasamos las horas en un parque cerca de la estación. Cuando anochecía Fer fue a buscar comida. Trajo una pizza y una gaseosa de litro y medio. Él había guardado unos pesos extra por suerte. Después de la pizza fuimos a la estación y esperamos a Gaby. En la boletería le habían dicho a Fer que el tren venía casi vacío así que seguimos esperando a Gaby casi hasta que estuvo por venir. Yo le di a Fer mi plata y el compró los boletos. Yo no quería parecer indolente, sabía que Fer me estaba bancando, así que agarré la mochila y fui a pronosticarle que Gaby no iba a aparecer. Un rato después llegó el tren. Subimos. Era el tercer vagón, nos quedamos viendo&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;el andén esperando que Gaby llegara a último momento. Estábamos congelados en esa posición, buscándolo en cualquier punto que se moviera. Hasta que nos movimos nosotros. El tren. Nosotros mantuvimos la mirada en el andén y vimos como Gaby con otro pibe lo atravesaron tratando de ubicar rápidamente la boletería primero y corriendo el tren, al pedo. Fer levantó la ventanilla y los dos sacamos el torso y gritamos: &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;      &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;- ¡Gaby!- moviendo los brazos. Gaby sonrió y nos saludó y el tren se fue de la estación. Cerramos la ventanilla y la cortina metálica. Esa vez escuchamos los piedrazas. Fer se durmió bastante rápido, lo que me liberó al menos de la incomodidad de hablarle tan poco (aun para mí). Yo&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;cerré los ojos un tiempo muy largo, tratando de&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 51);"&gt;calmar de alguna manera la angustia que me fatigaba. Pasaron por mi mente una enorme cantidad de caras, de noches, de besos, Caro, las demás, los miedos las mentiras, las huidas, los encierros. Los encierros tantas veces y la asfixia imposible de disimular, tratando de escapar de ese encierro con los ojos cerrados en ese tren y hace tanto. Seguramente me dormí, porque cuando abrí los ojos ya estábamos en capital y faltaban un par de estaciones para llegar. Sentía que el viaje no había durado ni la mitad que el de ida. Bajamos del tren y fuimos a la parada del 9. Fer me palmeó la espalda cuando subimos al colectivo. Sabía que yo estaba perturbado por algo. Ya hablaríamos (aunque probablemente no de eso). Pagó él. Yo le dije que quería bajar un par de paradas antes de mi casa, para caminar. El colectivo hizo rápido. No había demasiado tráfico al amanecer. Saludé a Fer, le dije que nos veíamos en la semana. Él me saludó y volvió a palmearme. Bajé del colectivo, caminé hasta la esquina, crucé y me quedé viendo la avenida Colonia. Cortó el semáforo crucé hasta la mitad y me paré otra vez, mirando el cielo amanecido salpicado de nubes, con la cancha de Huracán sumergido en el sur. Y una exhalación nueva me sorprendió, como si hubiese respirado libremente después de mucho tiempo. &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-5496387037515677600?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2007/07/gira.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-8594727213325646390</guid><pubDate>Mon, 16 Apr 2007 01:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-09-19T20:03:37.022-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div style="text-align: center; font-family: verdana; color: rgb(102, 51, 102);"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Manuscrito hallado en Londres&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right; font-family: verdana; color: rgb(102, 51, 102);"&gt;                                                                                &lt;span style="font-style: italic;"&gt;a R.K.B. y L.G.P.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: verdana; color: rgb(102, 51, 102);"&gt;     Cuando en 2001 llegué a Londres, no tenía idea de donde podía encontrar un albergue barato. Alguien me dijo que había una oficina en la estación Victoria en la que se conseguían lugares así. Ahí me reservaron una habitación en un lugar llamado Wansbeck Gardens, que no resultó del todo barato, pero sin más opciones, me alojé allí durante la semana en la que estuve en la ciudad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: verdana; color: rgb(102, 51, 102);"&gt;     A la intensidad que supone recorrer una ciudad tan vasta contando con un tiempo limitado le sumé la lectura de El proceso. Durante esa semana en la que no llovió ni vi el sol, dediqué las mañanas y las estiradas tardes a fatigar mis pasos a través de la ciudad. En las noches leía a Kafka.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: verdana; color: rgb(102, 51, 102);"&gt;     La habitación de Wansbeck Gardens era antigua, en el primer piso del edificio; me gustaba su austeridad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: verdana; color: rgb(102, 51, 102);"&gt;     Una noche terminé un capítulo que me abrió al insomnio a pesar del cansancio físico. Miré por la ventana la calle angosta y oscura detrás del museo británico y cerca de la estación Holborn. Abrí el armario; revisé mi ropa. Me llamó la atención que el piso de madera no crujiera. Caminé franja por franja de madera la habitación de lado a lado, poniendo un pie delante de otro, como jugando al pan y queso. En un rincón entre el armario y la pared la plancha de madera no sólo crujió sino que también se resquebrajó. Me tropecé sobresaltado. Luego vi que había un hueco rectangular de unos veinte centímetros de profundidad en la unión de la pared, el armario y el piso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: verdana; color: rgb(102, 51, 102);"&gt;      Saqué del hueco un cuaderno roto. Tenía unas pocas hojas y la tapa de atrás. El lado externo de la tapa es blanco y el lado interno está cubierto por un dibujo compuesto de rayas verdes. Las rayas aluden a un paisaje me parece, aunque son tan caprichosas como la forma de las nubes. Las hojas están escritas por una letra chica y nerviosa, tiene muchas tachaduras, flechas y marcas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: verdana; color: rgb(102, 51, 102);"&gt;     Esa noche intenté en vano leerlo, nervioso como estaba. Lo guardé en mi bolso. De vuelta a Buenos Aires lo dejé junto a unos mapas de las calles y del subte de Londres y durante años no lo volví a tocar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: verdana; color: rgb(102, 51, 102);"&gt;     Hace unos meses me rompí un tobillo y estuve en reposo unos cuantos días. Para entretener en la obligada reclusión hogareña de los primeros días, revisé un placard que ya no uso y en el que hay demasiadas y muy diversas cosas. En un cajón encontré los papeles de Londres, incluido el cuaderno. Paciente, me dediqué a descifrarlo y luego a traducirlo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: verdana; color: rgb(102, 51, 102);"&gt;     Con las deficiencias de mi inexperiencia en traducciones, he aquí el resultado:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: verdana; color: rgb(102, 51, 102);"&gt;“(...) tampoco tenía cejas. Igual apenas vi los ojos violetas lo reconocí. Varias veces me había quedado tonto mirando esos ojos en UFO, en el Marquee. Estaba sentado solo, en la vereda de Wetherby. Por eso decía de Tim. Es que con él habíamos salido hacía un rato del concierto de Leonard Cohen en el Albert Hall. Yo seguía saboreando “Suzanne”. Tim se iba a encontrar con unos chicos en el Soho que a mí no me caían bien. Había un soldadito con el que me cagué a trompadas y otros... Bueno, yo subí para Gloucester y el siguió rumbo a Kensington. Me acuerdo que yo me di vuelta a la media cuadra y vi su espalda alejándose. A veces me doy vuelta yo. La cosa es que a unas cuadras estaba Wetherby y la verdad es que desde que el loco se fue del mundo a vivir ahí, siempre tuve algo de curiosidad por verlo. Yo era más chico (no pongo “era chico” porque siempre lo seré, espero), y la piel se me curtía con el asombro de los encuentros. Fui por eso para ese lado pero no pensé mucho en verlo, más bien me entretuve mirando nubes y culos. La cosa es que el tipo estaba ahí, pelado. Me agarró por sorpresa: pensé que iba a reconocerlo por los pelos, pero no, fue por los ojos. Lo miré a los ojos, saqué chocolate del bolsillo y le ofrecí. Me dijo “o.k.” y me senté a su lado. Estuvimos callados un buen rato... yo me empecé a imaginar que es lo que él estaría pensando. Y en eso se me fue formando un remolino mental. De a poco, la gente que pasaba lo iba haciendo cada vez más despacio. Si alguien me miraba, ya no podía distinguirlo de un camello por ejemplo. Había tomado una cerveza antes del concierto, nada más. Bueno, ese remolino me asombró, me remontó. Y, digamos que soñé despierto o algo parecido que no puedo ni quiero definir. Estuve en un lugar demasiado enorme como para ser real. Quiero decir, era real para mí, porque lo estaba viendo y más... lo percibía de un modo distinto al que percibo la realidad, pero el modo era muy real. No intentaré describirlo, porque necesitaría aprender el lenguaje de ese lugar supongo. Tendría que decir, por ejemplo, que era de día y de noche al mismo tiempo, pero eso no era una contradicción. Que no lo describa no significa que no era un lugar preciso. Podría reconocerlo. Ah, y ese estado en el que... ese remolino no tiene nada que ver con los viajes de las drogas. Entonces yo estaba así y no sé si pasó tiempo ó no, pero el tipo me empezó a hablar y lo que me decía no me llegaba como palabras. Fue como una nave espacial que llegó al lugar en donde estaba. Si, como una nave espacial. Lo vi grande, enorme... y blanco. Su voz atravesó kalpas. Vino de muy muy lejos. Me envolvió, me atrajo, dejó como una estela hecha de estrellas en el camino. Yo sacudiéndome, arriba, abajo, arriba, abajo... su voz me tomó como una estrella fugaz y me sentó de nuevo en la vereda de Wetherby Mansions. Ya entendía lo que me decía. Hablaba sobre unos pantalones que se había comprado. Dijo que entró a la tienda y empezó a probarse pantalones y como todos le iban quedando bien, se compró tres , entonces la vendedora se puso nerviosa porque le decía que los tres pantalones eran de distinto talle cada uno y que no podían entrarle los tres y que no iba a aceptar devoluciones o algo así, entonces el encargado le habló y él pudo llevarse los pantalones. Yo lo escuchaba bastante aturdido pero atento. Él giró su cabeza y me miró de frente, a los ojos. Me sentí cansado, supe que mi cara decía que estaba cansado. Sonreí brevemente. Él me agradeció por el rico chocolate, me saludó con la mano, se levantó y entró a un edificio, levantándose los pantalones. Yo me quedé un rato más ahí sentado, después fui hacia el Hyde Park a desintegrarme en Oxford Street. Bueno, pasaron unos cuantos años de eso, si. Cada tanto lo recordaba, pero no creo habérselo contado a nadie. También lo recordé en los días blancos del hospital. Lo recordaba en un sueño quieto. Y en la respiración cansada, ansiosa de heroína. A veces creí que a través de la heroína intentaba llegar a ese... sueño. Pero no, yo sabía que había llegado a eso sin buscarlo. Sin embargo algunas veces me angustiaba ese recuerdo, así que empecé a intentar recordarlo como un sueño, y simplemente en esa manera. Además, después de la acuosa ola de homenajes y loas a su sombra, la mitad de los vagos de Londres iban a venir a decirte que se habían cruzado con el tipo y que habían tenido una charla interesante con él. Nuestro encuentro fue íntimo como un sueño. Yo tenía 19 años en esos primero días de la primavera del ´73, me esforzaba por merecer lo mágico y sabía que los dones hay que aceptarlos discretamente. Luego pasaron tantas cosas... Ahora escribo esto por lo de Tim. Esta idea de viajar muy lejos, más lejos que la heroína, de alguna forma hizo que me conectara con las sensaciones que viví en aquel encuentro.”&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-8594727213325646390?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2007/04/manuscrito-hallado-en-londres-r.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-6227088153707413115</guid><pubDate>Mon, 16 Apr 2007 01:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-09-19T20:05:53.626-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div style="text-align: center; font-family: lucida grande; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La noche en el cúmulo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: lucida grande; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;     Eran siete, tenían miedo. Se habían quedado entre los árboles para evitar a los búfalos que acechaban en la pradera. Casi todos, a decir verdad, disfrutaban algo del escalofrío difundido inevitablemente en la atmósfera pero ninguno se atrevía a disminuir su alerta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: lucida grande; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Los omanes pensaban, pero no sabían que pensaban, o que podían pensar. Eran seres abocados a las actividades complementarias de la contemplación y la creación. Tenían un ojo en cada una de sus ocho patas. No tenían cabeza, o mejor dicho, la tenían diseminada en un ancho cuerpo redondeado y aplastado, como la parte superior de algunos hongos. Eran multicolores, todos diferentes. En algunos predominaba el azul o el naranja. Un omanes tenía manchas como nubes esparcidas en su cuerpo. Otros dos eran casi completamente de un sólo color, pero ambos tenían cabezas violetas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: lucida grande; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Había llovido el día y la noche anterior hasta casi el amanecer. El bosque seguía húmedo y los árboles incapaces de contener su vigor, rociaban brotes. Los árboles eran muy altos sin embargo permitían a los omanes una visión muy amplia del cielo. Todos ellos lo miraban cada tanto. Uno dijo que estaba mareado de imaginarse sogas que unían las estrellas formando intrincadas constelaciones. Otro le respondió: “ ah, caleidoscopio”. Todos asintieron. El omanes casi completamente azul dijo que iba a pasear fuera del bosque. Una nueva ola de escalofríos recorrió a los omanes. Algunos de sus cuerpos se sacudieron levemente. El de las nubes esparcidas  en su cuerpo le dijo: “volvé pronto, omanes, así te vemos”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: lucida grande; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;El omanes caminó despacio. Miró fijamente el cielo, los árboles, el suelo. Cerró los ojos, acarició la tierra y apuró su marcha. En seguida estuvo en la salida del bosque, estremecido por las cosquillas del pasto. Comenzó a conjugar  las estrellas que veía cerca del horizonte de la llanura. Sin darse cuenta se descubrió oyendo la música de los omanes que, aunque lejana, llegaba vagamente desde el bosque. Recordó las frutas que había tomado a la tarde, recordó como gentilmente se desprendían de las ramas, recordó sus colores. Quiso también devolverlas a la tierra y cantó unos instantes él también.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: lucida grande; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Cuando el silencio volvió, continuó con el recorrido de las estrellas que iban posándose tan suavemente en la llanura. Estaba a punto de ver como una besaba la tierra cuando notó que un búfalo surgía desde una colina por el lado que llevaba a las montañas. Trotó acercándose al omanes y pasó cerca de él sin siquiera notarlo. El omanes sintió una vez más esa mezcla siempre nueva: miedo y curiosidad. Nunca había estado tan próximo a un búfalo. Le llamó la atención sus pelos. Tuvo ganas de verlo desde más cerca, de acariciarlo. El búfalo fue alejándose rumbo a la pradera. Allí se detuvo y bebió agua. El omanes lo había seguido con la mirada; le gustó verlo inclinarse hacia el estanque. Notó como el búfalo levantaba la cabeza justo cuando la estrella desaparecía en el horizonte y en el bosque, los otros omanes encendían el fogón.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: lucida grande; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Ya había comenzado a caminar hacia el bosque cuando se dio cuenta que tenía muchas ganas de estar con los otros. Caminó cada vez más rápido hasta que entró al bosque, a partir de allí, se acercó despacio a sus compañeros. Al verlo llegar, se juntaron y se quedaron mirándolo; querían preguntarle algo, pero no se les ocurría qué. El omanes azul se paró frente a ellos. Acariciando el piso dijo:  “56”, y empezó a reírse. Los demás, aliviados, también rieron suavemente, como el viento que mecía el fuego.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;                                                                                  &lt;br /&gt;                                                                                      &lt;span style="font-style: italic; font-family: lucida grande; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;a la renga Sofía&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-6227088153707413115?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2007/04/la-noche-en-el-cmulo-eran-siete-tenan.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-7077937639253070854</guid><pubDate>Mon, 16 Apr 2007 01:32:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-04-15T18:33:16.062-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La muerte de un raviol&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;De qué sirve? Para qué? No hay olvidos, un empujón vacío. Pensamiento de robot. Oh, no se te ocurra mirarme. Oh, mi número está en tu agenda pero no me vas a llamar nunca, eso lo sé muy bien. Ya no me lastima demasiado. Ya el giro volverá a su doloroso germen. Otra vez a contar la historia sin personajes ni conflictos. Sólo que yo soy el personaje y el conflicto, pero esa revelación de primer año de Puán no atraviesa lo que siento. Está  demasiado limpio el paisaje, debería cerrar los ojos y dejar que el pasado se esconda lo mejor posible. Las palabras en inglés, las comas, la música que riega estas nostalgias. An-algia. Cocaína. De lejos, tan sólo. Tan aquí. No sirve de nada. Bécquer te lleva a las chicas de ojos claros que no saben sus versos, y vos huís cuando te miran incómodas, o fingiendo incomodidad, para que huyas. Seguís siendo el chico más feo del mundo. Lustros. Bocanadas de marihuana en los recitales te alcanzan. Para qué más? Solamente una púa. Los cánceres pasan cerca. Los sonidos pasan cerca. Sabés que son los vectores, y los usas para metáforas de poemas incomprensibles. Querías que tuvieran más símbolos que palabras. Te enamoraba saber lo que iba a pasar. Delirios de una inteligencia que no tardó en ahogarse. Mirar serio. No conocer a nadie. Yendo en diagonal por Corrientes y no mirar a nadie. El momento entre la intimidación y el desprecio. Una infinidad de capas que te impidieron moverte y saltar como hubieras querido. Aún así, despreciaste las excusas. El sobresalto animaba la constante desolación, de ahí, creés, tantas canciones. La gente estaba tan cerca, todo el tiempo, todos los días, hasta los martes. Te conmovía constantemente la sospecha de tu espectralidad. Andarín de dispersos talwegs. Disfrutar exclusivamente del pasado. Conocerse de memoria el museo de bellas artes y la plaza francia, desvelarse en las librerías y rechazar lo que no podría ser tuyo. Vecino del trágico fervor, en el tiempo, en las venas hinchadas. Un desafío estilístico que se marchitaba en tu memoria. Una cadena de voces que ya no podrías reconocer. Y los perfumes que te esquivan, pero que una vez encontrados, son inolvidables. Un dolor de tu memoria se expulsa hacia la cocina, a lavar los platos, frenéticamente. Siempre te escondiste. Hasta desnudo, hasta mostrándote, siempre fue tu juego preferido. Quién hay a tu alrededor que no te haya aborrecido? De cuántos seres evitaste las lágrimas? Te quedaste quieto mientras veías a tus amigos pudrirse. Le diste la espalda a quien podría haberte mirado. La espalda y la befa, y la triste piedad. Tu virtud se comía a las otras, y tu virtud era morir constantemente. Y tu vicio? Oh, cuántas miradas de reojo, cuántas. Y ahora suponés que está descontrolado? El camino al manicomio lo eludiste, mal que mal, y en el calabozo no estuviste más que doce horas. Sé que te avergüenza lo escaso, pero las aulas siempre estuvieron allí. Y tu escenario casi siempre estuvo vacío. Y vos te vestías tercamente de azul. Las grietas descubiertas en cualquier caminata, frescura desesperada en un mundo seco. Te asombraba que no te enseñaran nada; mucho tiempo fue un orgullo, pero una mañana te desesperó. Ya te habías olvidado de cuando corrías sin dolor. El horror a la espontaneidad egoísta e irresponsable, y a las continuas manipulaciones de los adictos a la prolija consecución de caprichos. Todo lo vaciado queda adentro, a qué acumular? Aislado. Pedazo de escarcha. Y qué? Encontramos el dulce refugio hecho trizas, devastado en el espíritu desde la palabra. Ya nadie te mira sin desconfianza, y todas tus pesadillas topográficas te persiguen a través de la ciudad y a través de esos pozos de imaginativa angustia de hoy. Y hoy que el sol está bien alto, bien pesado y que los felices le vomitan sus gracias chiquilinas, vos abofetado por las cintas indefinidas que recorren los circuitos de tu percepción, te alejás a un supuesto plano que ni siquiera es oscuro. Te preguntás qué hacer con el idioma, con las interrelaciones que se pegotearon de alguna manera. Una conciencia que deja de ser súbita o aletargada. Una prisión que no entendés. Y ahora los senderos son estrechos, claro, no hay tierra de nadie. Hay montañas que no podrás ni ver. Epicentros de nada. Las palabras sueltas bordean tu idioma. Sólo que... Ahora, hoy. Se pierde, definitivamente cualquier vestigio musical. No olvidarás la noche en la que te preguntaste de dónde viene la música, aunque, claro, no le darás ya ningún sentido que puedas validar. Recostarse es para vos, un flujo fatigoso de venenos expandidos en la dolorosa trama de muelas, zapatos y verrugas. No hay nada. No existe nada, oh, no serías capaz de buscar un signo que se aplique a una especie de vitalidad que por algún motivo no te es ajena. Ahí el tren, ahí la fracasada distorsión de todos los niveles de la vida de alguien que se acurruca en ése cuerpo. No hay vacilaciones. Pasa y queda una endeble soledad. Pasos. Muchos. Como hace tiempo. Vaciarse en una cama. En una serie extravagantemente larga de besos, compras, orgasmos, ojos que en otro momento no hubieras podido mirar fijamente sin estremecimientos, ojos de los cuales sólo querés que sepan algo, miserias, tantas que no te hubieras imaginado que uno tan intrascendente pudiera contener. Sin gustos. Lengua empieza a temblar, es el final y ya ni te importa. Tantos temblores en vano. Es el final y ya ni te importa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-7077937639253070854?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2007/04/la-muerte-de-un-raviol-de-qu-sirve-para.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-6982888180310052860</guid><pubDate>Mon, 16 Apr 2007 01:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-09-19T20:08:09.866-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div style="text-align: center; color: rgb(51, 102, 255);"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La casa del mono&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;                                                                                     &lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 102, 255);"&gt;     El mono vivía en una casa de dos plantas. Había una pieza rectangular con paredes blancas de cemento, techo también blanco y piso de madera. Había además, en una de las paredes, una plancha rectangular de madera. Opuesta a esta pared, un pasillo amplio llevaba al jardín, a través de una lámina de vidrio con bordes de metal que se deslizaba. En el lado izquierdo del pasillo, (yendo desde la pieza rectangular)una escalera caracol de madera conducía a la única habitación de la planta alta. Una alfombra roja la cubría totalmente, y cinco espejos sellaban las paredes. El techo blanco se interrumpía en su centro; allí se elevaba una pirámide transparente. Al lado derecho del pasillo había un cuarto, el más pequeño de la casa, con bolsas de cemento casi vacías, tubos de acero y papeles. Tenía un piso áspero y un hueco en una pared con vidrio, a través del cual podía verse el jardín. El piso del jardín tenía una franja de cemento cerca de la lámina de vidrio que lo separaba del pasillo. Luego, hasta el fondo había pasto y tierra, con árboles frutales y arbustos. Junto al paredón gris del fondo había un pozo. A los costados, el jardín no tenía paredes sino profusas ligustrinas. Todo el jardín estaba atravesado por un camino sinuoso de cemento. En su centro había un cantero.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 102, 255);"&gt;     El mono solía pasar las mañanas en el cuarto de los espejos. Al despertar subía las escaleras (dormía en el cuarto de las paredes blancas) y siempre se sobresaltaba con el primer reflejo. Allí jugaba un largo rato con su imagen reflejada. Nunca tocaba los espejos. El mono siempre bajaba satisfecho de ese cuarto y corría hasta alguno de los árboles a comer alguna fruta. Seguía corriendo, bebía del cantero, miraba los insectos, en el pozo le devolvía a la tierra su alimento. En esas tareas ocupaba el mono su tarde. Cuando la tarde comenzaba a apagarse, a veces volvía a subir la escalera y miraba en los espejos cómo se expandían las sombras. A través de la pirámide transparente, una noche vio la luna. Bajaba lentamente, ya en penumbras; salvo en las noches calurosas, no volvía a salir al jardín. El mono entraba al cuarto de las bolsas de cemento solamente para ver la lluvia a través del hueco de la pared.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 102, 255);"&gt;     Sin embargo, hubo una vez en la que el mono entró al cuarto del hueco que daba al jardín sin que lloviera. Era un día soleado. Hacía mucho que no entraba. Al principio miró alrededor al cuarto con extrañeza dando una vuelta sobre su eje. Por el hueco entraba más luz que las otras veces que el mono había estado allí. Quizás esa fue la causa de la extrañeza del mono apenas entró. De todas formas (y aunque como acabo de comentar, el cuarto estaba más iluminado que las otras veces que el mono había entrado), no podía divisar la pared opuesta a la del hueco; eso inquietó al mono, que gustaba de mirar la lluvia en ese cuarto porque se sentía acogido por sus escasas dimensiones. Caminó muchos pasos, hacia la oscuridad en la que se internaba la nueva disposición del cuarto. Cuando ya había cubierto un trecho considerablemente más largo del que había de una punta  a la otra del jardín casi no veía el hueco en la pared que daba al jardín y la penumbra dominaba tanto como cuando se acercaba la noche en el cuarto de los espejos. El mono caminó en la misma dirección durante un tiempo que no medía pero al detenerse se tomó los muslos doloridos y sintió hambre. Alzó sus ojos pero no logró divisar el techo (si es que había techo o si estaba lo suficientemente cerca como para verlo a simple vista) puesto que la oscuridad era ya total.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-6982888180310052860?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2007/04/la-casa-del-mono-el-mono-viva-en-una.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-6124249896386167655</guid><pubDate>Mon, 16 Apr 2007 01:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-09-19T20:08:50.873-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div style="text-align: center; color: rgb(102, 102, 102);"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;El paraguas y la señora Gross&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;      Era una tarde fría, dura, de silencios y de sofocante cerrazón. La señora Gross, ajena a cualquier emoción no prescripta por las específicas fábricas difusoras, vacilaba cerca de la puerta de su casa mientras se aprestaba a salir. ¿Llevaría el paraguas? El doctor se había llevado el paraguas marrón cuando salió hacia el consultorio a la primera mañana. Ella había oído la lluvia picando en las baldosas del patio. Ahora el cielo encapotado era inescrutable; era razonable y esperable tanto que lloviera como que no.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;      Llevaría el paraguas de ser totalmente necesario. No iba a sacar en vano el paraguas rojo. No reprochaba al doctor puesto que nada le había dicho del incidente de la semana pasada. Él bien podría haber llevado tanto el marrón como el rojo. Su mano tocó primero el mango del marrón y sólo por eso, lo tomó. Nadie en Realicó pensaría que el doctor había modificado sus ideas conservadoras, aunque lo vieran con el paraguas rojo. Su posición, su prestigio, lo dejaban a salvo de cualquier sospecha. Ella, sin embargo, no participaba de esa inmunidad a pesar de su cercanía: en la anterior reunión, la señora Gross había llevado el paraguas rojo. Ninguna de las mujeres le dijo nada pero era evidente que sus miradas se fijaban insistentemente al paraguas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;      A los pocos días, un proveedor que venía de Ingeniero Luiggi le dijo que había oído de boca de la señora que atendía en la estación de servicio de Huinca Renacó que la señora Gross iba a las reuniones con paraguas rojo. Esto produjo en ella la aparición de una difusa y persistente angustia. De todas formas, evitó el tema con el doctor y consideraba que difícilmente la información le llegaría por otras vías. Su seguridad en este último punto residía tanto en el reconocimiento general del doctor Gross por parte de la comunidad, como en el carácter del doctor, esquivo a las charlas que no se refieren a su campo profesional y mucho más, a las infidencias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;      El vestíbulo era recorrido por la mirada de la señora Gross, como un escape. Si bien volvía cada pocos segundos al paragüero, las imágenes de la puerta blanca con el vitral, el perchero con su sombrero blanco con encaje, el piso de madera, el escalón de piedra, el techo y su maldita humedad, desfilaban vertiginosos en su mirada. La desaforada certeza del mareo se instaló en su cuerpo que exteriormente permanecía ya no sereno pero quieto, como congelado. Sólo sus ojos se movían. Y a pesar de la dilatada secuencia de imágenes, el problema del paraguas era lo único que ocupaba sus pensamientos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;      La chica estaba en la planta alta, ordenando el dormitorio y el baño. Durante un largo rato, quizá horas, no había peligro de que la viera en esa situación. Sin embargo, esto no tranquilizaba en absoluto a la señora Gross, puesto que no tenía expectativas de que la situación cambiase alguna vez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;      Mientras tanto, muy lejos de allí, los omanes dormían o miraban alrededor, contentos veladores.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-6124249896386167655?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2007/04/el-paraguas-y-la-seora-gross-era-una.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-5890320451203171495.post-588528790195253363</guid><pubDate>Mon, 16 Apr 2007 01:17:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-09-19T20:09:46.442-07:00</atom:updated><title></title><description>&lt;div style="text-align: center; color: rgb(0, 102, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Confesiones de un cono&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 102, 0);"&gt;     Yo estaba en una planicie. Me daba vértigo el verde. No fue, sin embargo el color ni la fragancia, sino su conjunción lo que me empapó la mirada de una leve lágrima extendida. Un perfume diseminado en el aire espeso. Yo creía que estaba inusitadamente solo. Curioso de tal disposición, me preguntaba cómo lo había logrado... ¿tal vez por no proponérmelo? Al instante divisé, la forma de otro. Ambos saltamos hacia donde estaba el otro, saltamos hasta encontrarnos. Desde el principio noté que nuestro pulso concordaba. Sin haberlos contado supe que dimos la misma cantidad de saltos. Hubo una serie de aproximaciones escuetas. Ninguno se animaba a lo bizarro; hubiera convenido que fuésemos tres.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 102, 0);"&gt;     Nos balanceamos casi llegando a tocarnos movidos por un viento que, al menos yo, no logré notar si era externo o interno. No oculto la ascendencia hipnótica de nuestra reunión. Fijé mi mirada en él. El cielo estaba apenas pincelado por una nube larga. La escena se formó como la fascinación que estaba estallando, del otro y de mi, a un tiempo, pero con una sincronía exenta de mecanicidad, espontánea, transitoria y desprolija. Su silueta ya tan cerca de mi, era un campo estrellado. No había pájaros ni árboles. Por supuesto que la soledad se había quebrado, pero sólo el otro estaba allí. Ellos estaban callados.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 102, 0);"&gt;     Hubiera sido extremadamente fácil percibir elementos desagradables. La configuración así lo exige. La de todos los que conozco y todos los que puedo entrever. Hay un esquema rígido de suposiciones, panel magnético vertido, jugo de tiza.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 102, 0);"&gt;     De un momento a otro comenzaron a surgir porciones de palabras, rastros de sueños encantados en la estrofa abierta de esa sinfonía callada. El peso de un dolor antiguo estaba presente, y gradualmente se fue haciendo insoportable. No podíamos casi al final seguir fingiendo que no lo sentíamos. Un gesto inocente del otro bastó para que yo supiera que ya jamás  volvería a ser viento. Ese tiempo cercano e inalcanzable palpitaba en mi presente, coagulándose.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 102, 0);"&gt;     Quiso acercarse, tal vez para acariciarme. Derivó una explosión inextinguible. El brote de una pena demasiado extendida, la atracción eruptiva y arrebatada. La mezcla rebotó y venció a mis principios perceptivos: ya no sabía si en su base había un punto o una circunferencia, o si estaba recostado o de cualquier otra manera posible o no.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 102, 0);"&gt;     No hubo miedo ni dolor en mi regreso a la soledad: así de rápido había matado al otro cono.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText"&gt;&lt;span style="font-size:13;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5890320451203171495-588528790195253363?l=elhijodesisifo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://elhijodesisifo.blogspot.com/2007/04/confesiones-de-un-cono-yo-estaba-en-una.html</link><author>noreply@blogger.com (elhijodesisifo)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item></channel></rss>